La Escuela Nº 41 revalorizó la importancia de su biblioteca

Los chicos concurren para investigar y para leer por placer.

La Escuela Nº 41 de Gerli le dio a su biblioteca un protagonismo muy especial, con el objetivo de promover el hábito de la lectura entre los más chicos, de estimular a los alumnos a investigar más allá de Internet y dotar a los docentes de una herramienta imprescindible para la educación.

La responsable de este “rincón mágico” donde los chicos comparten historietas, novelas y poesías, o donde descubren personajes de fantasía es, desde hace doce años, Viviana Avellaneda.

“Una, como bibliotecaria, no es sólo una mediadora con la lectura, sino que ayuda al chico a que aprenda a usar esta herramienta y a que construya su juicio crítico. Además, también fomentamos la lectura por placer, desde las obras literarias”, le aseguró a La Ciudad Viviana Avellaneda.

A unos metros, un puñado de chicos de segundo grado comparte un espacio, no solo de lectura, sino de sociabilización. Entre esas vocecitas que disfrutan del lugar, se escuchan frases como “me gusta venir acá porque está lleno de libros”, “me interesan los cuentos” o “aprendí el nombre del faraón Tutankamón”.

Jugando, divirtiéndose y estudiando, desde primer grado los alumnos de la Escuela 41 asimilan a la biblioteca como un espacio habitual. “Hicimos un organigrama para que cada grado vaya como mínimo dos veces por semana”, explicó la directora del establecimiento, Elsa Ramos.

La biblioteca trabaja en forma constante con el maestro de grado, aportando el material necesario para desarrollar los diversos proyectos educativos y colaborando con información para los actos y ante cualquier tipo de efemérides que se evoque.

“Tratamos que los chicos se formen como usuarios y que aprendan a investigar –comentó Avellaneda- a cada uno le damos un libro distinto, por lo tanto cuando encuentran las respuestas la leen en voz alta e intercambian ideas”.

“Ahí se pueden producir debates y cambios de opinión. Cuando el libro es uno solo, se seleccionaba lo que dice el manual y no hay discusión”, agregó la bibliotecaria.

En ese sentido, Elsa Ramos remarcó que el diseño curricular plantea que los chicos tienen que encontrarse con distintos textos y miradas, por lo que no utilizan un “único” manual como en la mayoría de los casos.

“Cuando se trabaja un tema pueden ir a la Biblioteca o los docentes pueden requerir el material para llevar al aula”, expresó la directora.

En cuanto a los métodos de trabajo, Avellaneda explicó que primero se hace una selección de materiales, para que los alumnos aprendan a evaluar, descartar y quedarse con la información necesaria.

“Los trabajos que se realizan son investigaciones de todo tipo, con la utilización de todo el material disponible, como enciclopedias, diccionarios, mapas, manuales y obras literarias”, sostuvo Viviana Avellaneda.

Leer por placer

No todo es estudio en la Escuela 41, por lo que la biblioteca también pone énfasis en inculcar la lectura como un momento de disfrute y placer.

“Trabajamos con títeres, con obras de teatro de sombras y hasta hacemos encuestas sobre qué libros o autores le recomendarían a otro chico”, comentó Avellaneda.

“Los alumnos me piden un libro y, cuando me lo devuelven, les pregunto si les gustó y qué parte en especial -afirmó- también trabajamos con material audiovisual para hacer una apoyatura y hacemos comparaciones con obras leídas”.

“También tenemos el rincón de lectura organizado por la Fundación Leer, que es un espacio para hacerlo por placer y no por estudio. Ahí tienen también todos los géneros y eligen lo que les gusta”, resaltó Viviana Avellaneda.

Un lugar que crece

El crecimiento de la biblioteca dentro del espacio curricular hizo necesario también un desarrollo desde la infraestructura. Para ello, contó con la colaboración de la Municipalidad que agrandó las instalaciones y del Banco Provincia que donó los muebles necesarios para su funcionamiento.

“Es un lugar cálido, es agradable estar, esta biblioteca es un punto de encuentro para muchas cosas. Yo valoro el trabajo de la bibliotecaria porque es ella quien cuida este ámbito”, afirmó la directora Elsa Ramos.

Cuando Viviana Avellaneda se hizo cargo de la biblioteca, el lugar contaba con pocos libros y, en muchos casos, desactualizados.

“Hace 12 años había muy poco material. No había diccionarios y las enciclopedias que estaban eran viejas e incompletas”, describió Avellaneda.

Con el esfuerzo de toda la comunidad educativa y el apoyo de los directivos, el lugar fue creciendo y hoy cuenta con 7.000 volúmenes.

“Lo primero que se hizo fue pedir donaciones a docentes, padres, vecinos, después con algunos subsidios compramos libros, hubo entrega de material del Estado y compras por parte de la Cooperadora”, aseguraron las autoridades de la Escuela.

“Los chicos también donan libros cuando tienen alguno en sus casas y no lo utilizan”, remarcó Avellaneda.

Finalmente, cabe destacar que la Biblioteca también trabaja en otros aspectos, como por ejemplo colaborando con el “vestuario” en los actos escolares.

“Fuimos juntando ropa y tenemos una integrante de cooperadora que es modista, así que vamos armando trajes para prestarles a los chicos que no tienen y que quieren actuar”, puntualizó Viviana Avellaneda.

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