Profesor Bernardo Pelman: “El ajedrez es un estilo de vida y una puerta a la ciencia”

Pese a perder la vista, dicta un taller del juego – ciencia en la Escuela Nº 46 de Dock Sud.

En su libro Homo Ludens, el filósofo e historiador Johan Huizinga analiza el juego como fenómeno cultural y lo concibe como una función humana tan esencial como la reflexión y el trabajo. Para el autor, a través del juego se muestra la esencia de cada persona.

Cuando uno conoce al Profesor Bernardo Pelman, entiende por qué, cuando tenía doce años, quedó fascinado con el ajedrez.

“Me gustaba mucho ver la televisión. Veía series y dibujitos animados, como cualquier chico. Y resulta que había un programa que se llamaba «Este es mi mundo», con Julieta Magaña, que era un ciclo muy jugado porque, a diferencia de otros programas de entretenimientos para chicos, ahí enseñaban muchas cosas. Entre ellas, un gran jugador de ajedrez, Oscar Cuasnicú, mostraba las partidas del campeonato mundial de entre Fisher y Spassky. Y cuando yo vi el tablero y las piezas, a través del televisor, me enamoré del juego”, recuerda Bernardo, de aquel mágico momento de su preadolescencia.

De chico, Pelman jugaba con su hermana y le ganaba muy fácilmente, por lo que su mamá, para evitar peleas entre ellos, lo mandó a jugar a Independiente, donde empezó a competir oficialmente. Bernardo dijo que compitió durante muchos años. “Después vino la facultad, y dejé. Estudié Historia, en la Facultad de Filosofía y Letras. Cuando me recibí, un amigo – que solía jugar conmigo – jugó un torneo a modo de despedida. Yo quise hacer lo mismo, pero hasta el día de hoy, no puedo dejar de disfrutar de este juego – ciencia apasionante”, reconoció sonriente.
Durante un tiempo, volvió a alejarse del ajedrez, por su compromiso con la carrera de profesor de historia. Pero en definitiva, los de Bernardo fueron pequeños recreos que se tomó, mientras daba clases.

En el camino, su comprometido desempeño curricular le permitió al Profesor Pelman trabajar durante muchos años en el Archivo Histórico de Avellaneda. Allí tuvo de Jefe al Sr. Rudi Varela y su tarea lo llevó de visita varias veces al Diario La Ciudad.

Hasta el 2008, el profe Bernardo venía dando clases de Historia y Geografía en la Escuela Nro. 46 de Dock Sud. Pero un problema de visión, una afección que fue avanzando gradualmente hasta dejarlo ciego, puso en jaque su continuidad. Muy asustado y preocupado ante esta nueva realidad, Pelman estuvo a punto de aceptar un pase para realizar tareas pasivas, pero el destino ejecutó una jugada maestra.

“En un momento, yo estaba frente a una disyuntiva. Una de las actividades pasivas podía ser, en la Dirección, atender el teléfono. Pero yo sentía que estando en esa situación iba a durar muy poco e iba a pedir de inmediato mi jubilación, porque esa tarea no me incentivaba de ninguna manera”, reconoció el docente.

Para sorpresa de Pelman, el Director de la institución, Vicente Ferreyra, lanzó el proyecto institucional de un taller de ajedrez y a su juego lo llamaron.

Bernardo salió adelante con una admirable fuerza de voluntad y desde entonces, disfruta enseñando ajedrez, una actividad que fue creciendo muchísimo y que tuvo algunos hitos. “Uno de ellos fue la venida del eximio jugador Anatoli Karpov a la Argentina, para dar una conferencia en el Palacio Pizzurno. A la cita estaban invitados colegios del conurbano y grandes jugadores, que brindaban partidas simultáneas. Ahí tuve la suerte de saludarlo y darle la mano a este gran campeón mundial, un sueño para mí impensado y un premio personal”, destacó, orgulloso el profesor.

“En otra oportunidad, nos invitaron a la ciudad de Rosario, para jugar un torneo internacional (había gente invitada de Uruguay). Fue una experiencia maravillosa. Todo eso provocó que tuviéramos muchos alumnos”, enfatizó Pelman, aclarando que el taller es optativo, en el marco de plan de jornada extendida del E.S Nro. 46.
Apostar por la vida.

Bernardo explicó que fue un cambio muy fuerte en su vida, acostumbrarse a no ver. “Lo primero que hice fue ir a un colegio para ciegos en capital, donde me enseñaron muchas cosas. Además de estar aprendiendo braille, me enseñaron recursos para por ejemplo manejar el bastón e ir adaptándome a esta nueva vida”.

“Por un lado me puse a hacer cosas como para capear el temporal y poder sociabilizarme con otros ciegos”, prosiguió el maestro de 49 años, que reside en Sarandí. “Porque cada persona es un mundo y cada uno llega de determinada manera a esa situación y recompone su vida en forma particular. Una de las cosas buenas es que sigo trabajando. Entonces la obligatoriedad de ir tres veces por semana a dar clases y el hecho de tener una tarea tan gratificante, es muy positivo. De pronto no estoy en el aula, pero no dejé de tener contacto con los alumnos. Mucha gente se sorprende, pero es apostar por la vida”, afirmó, con sinceridad.

El Profesor Pelman, viejo seguidor del Ajedrez, disfruta la didáctica de la enseñanza y a su vez, percibe notoriamente un gran cambio en sus alumnos. “Con el ajedrez, la relación profesor – alumno cambió: ya no se trata de algo tedioso, obligatorio ni riguroso. «Los chicos se soltaron, porque es un juego. Hay una gran motivación con el tema del triunfo. Se experimenta el ganar y eso es muy fuerte y muy positivo, para la sociedad en que vivimos. Nosotros vivimos en una sociedad muy competitiva. Entonces, si la escuela prepara para la vida no puede obviar que existe la competencia. Desde ya, no puede decir que en aras de la competencia uno debe matar al otro. La competencia sana, la camaradería y el compañerismo, enseñan la vida”, afirmó.

Para el docente, “en el ajedrez conviven la competencia y la cooperación. Es una disciplina de acercamiento al razonamiento, a la meditación… Después, surgen cuestiones como que el joven juega con el viejo o el compañero con la compañera. Por lo general en los chicos, les cuesta el acercamiento con el otro sexo, por vergüenza, por ciertos pudores. Y los varones suelen mostrarse como zafados, pero a la hora de los papeles, arrugan”, sostuvo, entre risas, sobre la integración que genera este magnífico juego.

Sin perder el rigor de los maestros, el Profesor Bernardo admitió: “Soy exigente en la historia y también lo soy en el ajedrez. Porque en apariencia es un juego. Pero en realidad es un estilo de vida y una puerta a la ciencia. Lo que yo vi en los chicos es que les sube mucho la autoestima. Les hace muy bien porque relajan todo ese acartonamiento de lo curricular, hacen algo sano y que los beneficia desde lo lúdico”.

De cara al futuro, los deseos del Profesor Pelman son humildemente ambiciosos. “Pienso seguir con el ajedrez, no sólo para jugarlo sino para continuar con la parte de la didáctica. El tema de cómo enseñar ajedrez es apasionante, es otro mundo. Son experiencias distintas. Pero tampoco quiero abandonar la historia, que es mi otra vocación importante”.

Precisamente, hace poco, a Pelman le surgió una propuesta muy interesante de trabajo. Porque el Profesor Cuasnicú, (Máster en ajedrez, el mismo con el que Bernardo descubrió el juego por tv) Director y uno de los principales promotores de un programa denominado Ágil-mente, una iniciativa enmarcada dentro de un convenio suscripto por el Instituto Nacional de Servicios Sociales para jubilados y Pensionados (PAMI) y el Ministerio de Educación de la Nación, lo convocó para trabajar con adultos mayores, en un convenio con Ajedrecistas Ciegos Unidos de Argentina (ACUA).

Será una linda oportunidad para revalidar su experiencia como docente, al conjugar sus dos máximas pasiones, haciendo “historia” con el ajedrez.

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