¡No me peguen! Soy Millennial (Oda a la productividad)

Escribe Genaro Nardelli.

“¡Dios está muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!”.
Nietzsche escribía esto en “La Gaya Ciencia” en 1882. Más de 130 años pasaron y estas frases siguen siendo llamativas, incluso para el que se hace llamar ateo. En los años 60 un editor pensó lo mismo y lo puso en la portada de la revista Time para llamar la atención de sus lectores. Yo hoy también recurro al mismo truco, pero no en mi portada (una buena razón es porque no la tengo), pero tampoco en mi título porque no es el punto central de mi argumento. Es simplemente una frase llamativa, pero útil.

Lo que el deprimido filósofo trataba de transmitir con estas frases es cómo los valores cristianos que habían formado la moralidad europea por más de un milenio se estaban desmoronando. “Matamos” a Dios porque ya no lo considerábamos nuestro ídolo, nuestro juez, nuestra unidad para medir si una persona era ejemplar o no.

Qué liberador. Qué empoderante. La balanza religiosa ya no funcionaba. Un siglo antes (y hay quien dice en consecuencia de este cambio) surgía la primera revolución industrial, y la famosa frase: “El tiempo es dinero”. ¿Qué es el dinero? La nueva unidad de medida.

Volvemos (¿o avanzamos?) al presente y seguimos en la misma situación. Reemplazamos a este “Dios medieval” por un nuevo fetiche, y los nuevos dioses lo representan.

El estudio previo que Stephen Covey realizó como disparador de su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, se basó en un relevamiento del concepto de “éxito” en los EEUU en los últimos 200 años. En el mismo, Covey pudo comprobar que en los primeros 150 años de esos 200, éxito se asociaba a los valores intrínsecos de la persona: Transparencia, solidaridad, humildad, coherencia entre el decir y el hacer; mientras que en los últimos 50 años del estudio (casualmente luego de la segunda guerra mundial), el éxito comenzó a estar directamente relacionado con el dinero.

Para comprobarlo solo necesitamos hablar de Modelos a Seguir en cualquier universidad o colegio secundario y puedo asegurar que en menos de 8 respuestas ya habrán aparecido apellidos como Buffett, Jobs, Gates, Musk, etc, todos millonarios sin lugar a duda. Ídolos en vida (exceptuando claro a Jobs, pero contemporáneo de todas formas).

Intentando imitarlos surge un mixtape de palabras cuyo sentido se va corrompiendo y confundiendo. Eficiencia, Time-saving, productividad, emprendedurismo, éxito, para nombrar algunas. Podría asegurar con un 85% de certeza (no soy tan valiente como para decir un número mayor) que en los últimos 2 meses alguien les pasó un video, un artículo, un audio que hable de, por lo menos, uno estos temas.

Estamos obsesionados con el concepto. Es nuestra nueva forma de mostrarle al resto que somos una persona funcional, una persona que se está realizando. Como si nuestro fin en la vida es conseguir dinero. Y este es un pensamiento que agobia.

No busco exponer a ese amigo o conocido (todos conocemos a alguien, y si no, ¿no seremos quizás ese alguien?) que siempre tiene miles de tareas, trabajos y objetivos; y luego desfila su estrés y agenda como una forma de validarse a sí mismo, porque todos sufrimos del mismo síndrome. Tampoco es mi objetivo justificar la vagancia y el sedentarismo, ¿qué sería de nosotros si nadie se esforzara por mejorar? Mi intención es que podamos encontrar un nuevo motor para esa productividad, pero a la productividad verdadera.

“No es qué tan ocupados estamos la mayor parte del tiempo, sino es lo que conseguimos en ese tiempo. Es más, es conseguir lo que queremos.” Chris Bailey, autor de El proyecto de la productividad.

¿Qué es lo que queremos? Yo creo que somos capaces de encontrarlo y cuando lo hagamos, seremos personas que puedan trabajar y tener un serio impacto sobre la sociedad en la que vivimos. Ese es el verdadero valor de la persona. Podría asegurar que no estoy solo en esta revalorización de nuestro motor (Espero no estarlo), pero gracias a Dios cada uno puede elegir la zanahoria que lo motiva, y para cada persona es diferente.

En cualquier caso, no me peguen: Soy Millennial (Centennial en realidad, ¿o es Gen Z?, pero sinceramente, ¿Quién entiende la diferencia?).

Genero Nardelli

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