Los efectos económicos de la corrupción

Escribe el Dr. Juan Manuel Casella.

El clima social argentino está enrarecido. Una de las causas es la percepción clara de que en los ámbitos de gobierno y seguramente con la complicidad de ciertos empresarios, la corrupción se ha instalado como una enfermedad crónica y de que existen, además, operaciones sistemáticas para garantizar la impunidad de los corruptos.

Más allá del impacto moral que significa la corrupción impune, hay un efecto que algunas veces ignoramos, pero agrava la situación: los actos de corrupción tienen un impacto económico cierto que tiende a empeorar la distribución del ingreso y a profundizar los privilegios.

Ese impacto pasa por el costo mismo de la corrupción. El porcentaje de la coima se agrega al costo de cada operación económica, de cada obra pública, de cada compra del Estado y empeora el balance desde el punto de vista presupuestario. Pero al mismo tiempo, el destino de la coima es el bolsillo de quienes aprovechan sus vínculos políticos para enriquecerse, consolidando otra clase de privilegiados: aquellos que progresan económicamente sin trabajar, sin invertir, sin arriesgar y aprovechando su función o sus contactos para capturar rentas absolutamente indebidas.

En síntesis: la corrupción no solamente impacta sobre la fe de la gente y disminuye el nivel ético de la sociedad, sino que también significa un costo económico adicional enorme y una acentuación de las ventajas de los inescrupulosos que se aprovechan de su ubicación en el Estado.

Dr. Juan Manuel Casella
estudiocasella@cpacf.org.ar

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