Las zonas rojas y versos de Cadícamo

Escribe Antonio J. González.

Calles o zonas prostibularias se asentaron en la Avellaneda de comienzos del siglo Veinte. Eran contemporáneas al auge del garito, el juego clandestino y las timbas que en tiempos de Alberto Barceló contaban con la mirada compasiva del sistema político, muchas veces con su directa responsabilidad, como lo señaló ampliamente Federico Fernández Larrain en sus notas sobre la “vida marginal” en los primeros años de la intendencia del caudillo.

Los prostíbulos abiertos eran también parte de ese sistema especial de submundo y actividades ilegales. “El comercio carnal –dice Larrain- tuvo reductos en la ciudad cabecera (Avellaneda) y en la Isla Maciel, principalmente. En la primera, en las cuadras de la calle Ameghino que median entre Manuel Estévez y French (acortadas más tarde a Levalle). El pueblo llamaba a los prostíbulos “los hoteles de la calle Saavedra” porque era el nombre primitivo de la actual calle Ameghino”.

“Con respecto a estos locales –continúa el historiador- las quejas vecinales eran permanentes, pues las pupilas solían pasear en grupos por la zona en las horas libres, provocando a los transeúntes. Funcionaban los prostíbulos de la calle Saavedra en viejas casas de vecindad con zaguán, sala. vestíbulo y piezas corridas”.
La otra zona “roja” estaba en la Isla Maciel “…a pocos metros de la escuela primaria del barrio. En un casillón de madera y cinc de la calle Buenos Aires del Nº 1 al 60 (hoy General Zapiola), estaba instalado el “Café du Paradis”, modernizado años después como “Cinematógrafo para hombres solos -naturales- casa del sol” conocido vulgarmente como “El Farol Colorado”, por el artefacto de iluminación instalado en su frente. Era el más famoso prostíbulo de las orillas del sur, con el transitar constante de la marinería por las piezas de más bajo precio. Sin embargo “El Farol Colorado” tenía sus niveles para la gente bien que cruzaba a la Isla Maciel”.

Enrique Cadícamo le dedicó unos versos en los que dice: “Hubo hace muchos años/en la Isla Maciel/ un turbio atracadero de la gente nochera/ ahí, bajaba del bote la runfla calavera/ a colocar su línea y tirar su espinel./ Se llamaba ese puerto: El Farol Colorado”.

En ese tiempo funcionaba en la zona “…la más poderosa sociedad de rufianes –dice Larrain- …dirigentes del comercio de la trata de blancas iniciado en el país en la década del 90… la “Varsovia”, que después integró la célebre “Zwi-Migdal” (que) tuvo su sede en Avellaneda y el hotel para sus pupilas en la calle Maipú…” Finalmente el 17 de diciembre de 1936 se sancionó la ley 12.331, llamada de Profilaxis de enfermedades venéreas, con vigencia en todo el país. En el artículo 15 se prohibieron las casas o locales para el ejercicio de la prostitución. El artículo 17, por su parte, condenaba a los que poseían o dirigían esas casas.

Pero los versos de Cadícamo aún resuenan en la memoria popular: “Y en su atmósfera insana, en su lodo y su intriga/ floreció la taquera de la lata en la liga/ de camisa de seda y de seno tatuado. /Al entrar se dejaban, como en un guardarropa/ los taleros, Revolver` s y los cabos de plata…/Cuando de alguna pieza se oía la jarana/de la hetaira que a veces no se mostrara activa/ una frase en polaco de la regenta, iba / como un chirlo en las nalgas de la más haragana”.

¿Aquella ley fue el fin de este comercio de ave fénix…? A veces no basta con la letra escrita…

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