El valor de la publicidad

Escribe: Roberto Díaz.

A diferencia de otros siglos y otras épocas, en la actualidad toda la vida social y de relación humana, se mueve al ritmo publicitario. Los seres humanos, merced a la evolución enorme de la tecnología, se dan a conocer públicamente, con una asiduidad tan, pero tan vertiginosa que, paradójicamente, el tiempo se encarga, también, de borrarlos de manera casi automática.

Los medios de comunicación lanzan, todos los días, personajes al ruedo público que, como las marionetas del poema de Tuñón, “dan tres vueltas y luego se van”. Es tan fugaz su exposición que, muchas veces, ciertos distraídos llegan tarde para visualizar y acopiar el nombre del publicitado.

El dinero, nunca más apetecido y valorado que en estos tiempos, sirve, generalmente, de puente de oro para estas exposiciones mediáticas. Es decir que el personaje en cuestión, tendrá que desembolsar ingentes sumas para quedarse, un rato, en la cumbre de este “reconocimiento”.

Por lo tanto, estamos ante un fenómeno sumamente anormal: la gente ya no es considerada por sus valores intrínseco, su mayor o menor capacidad intelectiva sino por el abultamiento de su bolsillo o de su cuenta bancaria. Por eso, un público avisado va desglosando esa “fama” conseguida a base de dinero o de auténtico talento.

No obstante, reconozcamos que, en esta enrevesada exposición de valores, todo se va empobreciendo, de tal modo, que la mayoría de lo que se exhibe, hoy en día, en los medios radiales, escritos y televisivos, son estos personajes que, parecen, salidos de una verdadera “corte de los milagros”.

Por lo tanto, el público, en su generalidad, conoce más el nombre de algunos de estos engendros, armados a través de la campaña mediática, que de los auténticos exponentes de la sociedad. En un verdadero “cambalache” discepoliano, se difunden las frivolidades o las sexopatías con más vehemencia que un descubrimiento científico, un logro artístico o un pensamiento valioso.

El gobierno quiere luchar contra estas anormalidades. ¿Quiere luchar? La desconfianza que ofrecen es que lo único que busquen sea una prensa adocenada a sus propios intereses políticos y no un saneamiento integral de tanta “basura” mediática y tanta superficialidad manifiesta.

Este es el quid de la cuestión. Por lo cual, disentimos con aquellos que le otorgan un “cheque en blanco” a las actuales autoridades, porque no sabemos hasta qué punto se quiere hacer docencia o establecer “más de lo mismo” con la diferencia que, en vez de un discurso cuestionador, aparezca la propaganda “oficialista”.
Es otra la manera de hacer “limpieza”. La forma de poner los medios, otra vez, al servicio de un nivel educativo y formativo, es actuar con total independencia.

Convocar a los mejores hombres del pensamiento (no importa de qué ideología provengan) y pedirles un programa que contemple los diversos aspectos. Sobre todo en la TV, donde la imagen es muy fuerte y participativa. Y en este programa, no puede faltar el entretenimiento que, ya, pedía el General Perón en la década del ´70.

Ni demasiado intelectualismo ni demasiada frivolidad. Llegar a ese justo medio. Y esto es lo difícil.

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