El Premio Nobel de la Paz fue otorgado a tres defensoras de los derechos de las mujeres

La primera presidenta de Africa, otra liberiana que hizo campaña por la paz y contra violaciones de mujeres y una yemenita que encabezó protestas contra el presidente de su país ganaron este viernes el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento al derecho de las mujeres a participar en el fomento de la paz.

El Comité Nobel Noruego decidió repartir el premio de 10 millones de coronas suecas (1,5 millones de dólares) en partes iguales entre la presidenta liberiana, Ellen Johnson Sirleaf, la activista liberiana Leymah Gbowee y la periodista y activista yemenita Tawakkul Karman, la primera mujer árabe en ganar el galardón.

«Bajo condiciones extremadamente difíciles, Tawwakul Karman tuvo un papel central tanto antes como durante la `primavera árabe´ en la lucha por los derechos de la mujer», dijo el Comité Nobel, en referencia a la ola de revoluciones prodemocráticas de este año en países árabes.

Yemen es un país musulmán extremadamente conservador, pero la revuelta popular en la empobrecida nación del sur de la península Arábiga tuvo como rasgo saliente un papel protagónico de las mujeres, que participaron en protestas en gran número.

El alzamiento, sin embargo, fue uno de los menos exitosos ya que no logró derrocar al autocrático presidente Ali Abdullah Saleh y sumió al país en una virtual guerra civil.

En la revuelta en Siria y en Bahréin, en cambio, el papel de las mujeres fue de muy reducido a casi nulo, y aunque hubo muchas mujeres que particiapron en las revoluciones de Túnez y Egipto, muy pocas ocuparon posiciones de liderazgo.

La última vez que se había dado el Nobel de la Paz a una mujer fue en 2004, cuando se galardonó a la keniana Wangari Maathai, quien murió el mes pasado a los 71 años. Esa ocasión también había sido la última en que se había premiado a un africano.

«Dedico el premio a todos los activistas de la primavera árabe», dijo Karman, de 32 años, en declaraciones a la cadena de TV Al Arabiya.

«El proyecto de libertad y dignidad se convirtió en realidad. Esto es un honor para todos los árabes, musulmanes y mujeres», agregó Karman, madre de tres hijos y activista desde hace años a quien se conoce como la «mujer de hierro» o la «madre de la revolución».

Karman presidió la organización Periodistas Mujeres Sin Cadenas, un grupo de derechos humanos que defiende a periodistas.

Dirigente de primera línea del partido fundamentalista islámico Islah, la premiada usa el velo musulmán y desde hace años hace campaña en su país conservador por mayores derechos para las mujeres y por una mayor libertad de expresión.

En Liberia, la presidenta Sirleaf calificó de «enorme sorpresa» el Premio Nobel de la Paz que le fue concedido junto a su compatriota Gbowee por su lucha, con diferentes tácticas, contra la violencia política en un país devastado por 14 años de guerras civiles que dejaron 250.000 muertos y 1,5 millones de desplazados.

Sirleaf, de 72 años, se convirtió en 2005 en la primera mujer presidente de Africa, luego de haber desafiado sin éxito en los comicios de 1997 al ex mandatario, guerrillero y caudillo Charles Taylor, actualmente detenido en La Haya tras haber sido juzgado por crímenes de guerra por un tribunal especial de la ONU.

Por su parte Gbowee, de 39 años, es conocida por haber organizado el movimiento pacifista que puso fin a la Segunda Guerra Civil de Liberia, en 2003 -que a su vez permitió la elección de Sirleaf-, y por haber tomado las calles de su país para denunciar las violaciones sistemáticas de mujeres por parte de grupos armados.

«¡Ah! Estoy tan conmovida y emocionada que me faltan las palabras», exclamó la mandataria liberiana a la radio noruega NRK en declaraciones desde su casa en Monrovia, la capital del país del oeste de Africa.

«Para mí es el reconocimiento a muchos años llenos de lucha», así como también «una maravillosa expresión de la esperanza por una nueva Liberia», agregó, citada por la agencia de noticias DPA.

El Comité Nobel dijo que Sirleaf «ha contribuido a asegurar la paz así como a fomentar el desarrollo económico y social y a fortalecer el papel de las mujeres en Liberia».

La presidenta buscará su reelección en elecciones el martes próximo, y el Premio Nobel podría darle un muy necesitado impulso en momentos en que enfrenta una dura oposición.

Por su parte, Gbowee «ha unido a mujeres por sobre fronteras étnicas y religiosas para poner fin a la larga guerra civil y a favor de la participación de mujeres en las elecciones en Liberia», agregó el Comité de Oslo.

La ONG creada por Gbowee dijo que el reconocimiento servirá como un gran aliciente para el movimiento femenino del continente.

«Esto promoverá el movimiento de las mujeres», dijo Bertha Amanor, directora ejecutiva de la ONG con sede en Ghana, Red de Mujeres por la Paz y la Seguridad en Africa, en declaraciones desde Accra, la capital ghanesa, citada por la cadena BBC.

Amanor describió a Gbowee, actualmente de gira por Estados Unidos para presentar un libro, como «una guerrera que se atrevió a entrar adonde otros no se atrevieron».

Gbowee es reconocida por haber liderado a mujeres que desafiaron a temidos caudillos y empujaron a los hombres a la paz en Liberia durante una de las guerras más mortíferas de Africa.

Muchos creen que si no hubiese sido por el grupo de mujeres musulmanas y cristianas que se juntaba en las calles de Monrovia a rezar vestidas de blanco, el sangriento conflicto no hubiese terminado, como terminó, hace ocho años.

Sus métodos de lucha incluyeron el negarse a tener sexo con sus esposos hasta que terminara la violencia.

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