Comenzó el cónclave para elegir al nuevo papa

Al grito de «¡Todos fuera!» las personas ajenas a los 115 cardenales electores se retiraron y las puertas de la Capilla Sixtina se cerraron. Inició así la primera votación para escoger al sucesor de Benedicto XVI. El humo de la fumata anunciará si hoy hay consenso

A las 17:30 hora local (16:30 GMT), los cardenales dieron inicio a la ceremonia que se espera que un máximo de cinco días le entregue al mundo el nombre del nuevo Papa de la Iglesia Católica, tras la renuncia de Benedicto XVI.

Los prelados se reunieron para una oración, tras la cual se trasladaron en procesión a la Capilla Sixtina, cantando letanías antes de entonar el himno «Veni Creator Spiritus», que invoca al Espíritu Santo para que los guíe en su decisión.

La clausura total comenzó cuando, tras el grito «Extra omnes» (¡Todos fuera!), se retiraron las personas ajenas al cónclave y se clausuraron las puertas de la capilla, quedándose solos los cardenales -que prestan juramento de silencio sobre todo lo que allí se diga- con los majestuosos frescos de Miguel Ángel.

A partir de este momento, la única indicación que tendrá el resto del mundo de lo que ocurre dentro del cónclave será el humo que desprenda la chimenea situada a la derecha de la Basílica de San Pedro.

Los cardenales votarán cuatro veces al día a partir del miércoles, aunque pueden decidir efectuar una primera ronda en la tarde de hoy, como ocurrió en el último cónclave, hace casi ocho años.

«Después de la meditación, es posible que los cardenales electores lleven a cabo una primera votación, que difícilmente es exitosa por ser la primera», declaró el lunes el vocero del Vaticano, Federico Lombardi.

En ese caso, la fumata será negra. Pero cuando un candidato alcance los 77 votos necesarios para ser elegido y acepte asumir esa la responsabilidad, el humo será blanco y estará acompañado por el repique de las campanas de San Pedro, seguido por el resto de las iglesias de Roma.

El nuevo pontífice elegirá entonces el nombre con el cual quiere gobernar y vestirá por primera vez la sotana blanca para ser presentado a Roma y al mundo, y pronunciar su primer mensaje «urbi et orbi» desde el balcón del Palacio Apostólico.

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