¿Una cancha de Ríver en Sarandi?

Escribe Antonio J. González

¿Usted se imagina una cancha de fútbol del Club Atlético Ríver Plate en los terrenos de Sarandí? ¿En las mismas narices de Racing e Independiente, los principales referentes futboleros de nuestra ciudad, y en los actuales reductos de Arsenal Fútbol Club?

Es conocido que el nacimiento en La Boca del ahora tradicional centro deportivo de la zona norte de Buenos Aires se produce a raíz de una fusión de dos agrupaciones en 1901. Aquellos iniciadores construyeron, con esfuerzo y pasión, las primeras instalaciones: field, casilla y vestuarios en una zona cercana al lugar de su nacimiento, en la Dársena Sud, detrás de las carbonerías de Wilson.

Pero también comenzaron los problemas con las autoridades que controlaban el movimiento portuario que, para esa época, tenía mucha relevancia. No querían un estadio donde se producían movimientos continuos de personas con las implicancias de disturbios, peleas, y una lista de nuevas preocupaciones para quienes debían asegurar la libre circulación de los transportes de mercaderías desde y hacia el puerto boquense.

Aquellos dirigentes de Ríver debieron buscar otra ubicación que no se alejara demasiado de sus orígenes y cruzaron el Riachuelo buscando los espacios necesarios para aquella actividad.

En esos años, Avellaneda estaba en crecimiento y desarrollo, y comenzaba a producirse el fenómeno político del “populismo oligárquico” de la mano de Alberto Barceló, con sus controvertidas acciones que alentaban aquel avance urbano en los pagos de Barracas al Sud. Existían grandes extensiones de tierra despobladas y convertidas en pastizales, lodazales y potreros, donde se podía levantar un campo de fútbol, con algunas necesarias mejoras, y albergar a sus entusiastas seguidores.
José Bernasconi, director de los almacenes navales Dresco, cedió un lote cercano a la estación del Ferrocarril Sud y el arroyo Sarandi. De esta forma, Ríver tuvo en 1906 su campo de juego en nuestra ciudad, donde se desarrollaron sus partidos como locales.

Una vez instalados, arribó un directivo de la Asociación de Fútbol, para comprobar que la nueva sede cumpliera con los requisitos reglamentarios. Tener baños en condiciones era uno de los principales y esenciales requisitos para autorizar el funcionamiento del club. Pero River en Sarandí contaba sólo con una casilla que oficiaba de baño precario. Pero no tenía instalación de agua.

Con una picardía, habitual en el fútbol, invitaron al inspector a abrir la canilla de la ducha y comprobar que saliera agua. El agua salió a chorros por la regadera. Lo que el veedor Williams nunca supo, es que el caño de la ducha estaba conectado a un embudo en el techo, en el que dos muchachos arrojaban el agua con un balde al escuchar el ruido de la canilla girando. Gracias a esa picardía, River consiguió la habilitación.

Si bien su debut en el fútbol oficial es apenas discreta, el club sube la apuesta y se inscribió en aquel año en la Segunda Liga. En la primera temporada en el segundo nivel no se hace una buena campaña, pero en 1907 River logra quedarse a las puertas del ascenso jugando de local en Sarandí.

Por esas condiciones precarias de los baños y el difícil viaje hacia allí de sus simpatizantes, un año después vuelve a La Boca, en la manzana situada entre las calles Aristóbulo del Valle, Caboto, Pinzón y Pedro de Mendoza.

Todo esto es parte de su historia. Su desembarco en nuestro territorio fue inútil, Avellaneda le fue infiel. Le dijo “Chau Ríver”… y como vino, se fue.

ajgpaloma@gmail.com

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