Pedro Otero: “vivo por la noche viendo”

Si se pierde la visión cuando nuestros ojos habían sido los captadores de imágenes que luego se vuelcan en fotografía o arte plástico. Si se deja de ver progresivamente como quien va perdiendo hora a hora un poco de la realidad visual: rostros, personas, paisajes, lugares, etc., es una desgracia que cae como un rayo sobre nuestra vida. Si se tiene la carga emotiva, vivencial, de la realidad que dejaremos de registrar con nuestra vista, ese apagón sacude nuestras percepciones y expectativa en el resto de nuestra existencia. Pedro Otero, fotógrafo, pintor, captador de cada latido de la realidad vivida, perdió la capacidad de ver a fines de los años ’70, pero el artista, el ser sensible y registrador de realidades humanas, no se apagó, solamente pasó a vivirla de distinta forma: “…paulatinamente voy entrando en sombras” dice en su libro de memorias “Cuatro por cuatro y de frente”.

“Para ese entonces mi vista comienza a debilitarse” cuenta. “Paulatinamente voy entrando en sombras. Mi familia y mis amigos se movilizan, me llevan de un lugar a otro. Mi destino está señalado: he de quedar ciego. No obstante como contraparte a esta desgracia, mi fuerza interior se manifiesta en toda su plenitud. Aquel momento traté de sobrellevado de la mejor manera posible”.

“Me vuelven a operar. Las posibilidades de éxito eran remotas. Jugué mi carta y la perdí. El tesón que me acompañó constantemente me dio impulso para encarrilar mi vida. Otras actividades suplirán a las que dejé de practicar”.

Y termina su libro de memorias con una exaltación de optimismo y felicidad. “En estos momentos tan agrios y dolorosos acuden a mi mente las estrofas de Almafuerte, cuando apostrofa: “no te sientas vencido ni aun vencido…” De ninguna forma quiero ser un ciego jubilado. Busco nuevas actividades. Celia, la compañera de Rodríguez Fauré, me enseña guitarra. Este instrumento llena muchas horas de mi vida”.

“Es curioso –finaliza su autobiografía. “Yo quizás viva a la inversa de las personas que ven. De noche sueño. Pero aparecen las imágenes de las personas y las visualizo con nitidez. A tal punto que vivo por la noche viendo… En una oportunidad comenté esto que parece inverosímil con mi esposa y con Norma. Viene a significar que yo tengo por un lado, la ceguera irreversible, durante el día; y por otro, una visión nocturna, que me permite recordar lo ocurrido, en detalle, y asociarlo a los hechos presentes, después de dos años de haber perdido la visión. Pocas veces me refiero a esta sensación de estar viendo”.

Finalmente fallece Pedro Otero a comienzos de 1980 y esas serían palabras de su mensaje póstumo. En los primeros meses de ese año aparece su libro y todos tenemos acceso a un relato personal pero social, en donde recorre los aspectos más notorios y sobresalientes de su vida. Desde sus comienzos como fotógrafo, su historia profesional y artística, sus relaciones, su familia, sus viajes… y, sobre todo, su mirada –no solamente la visual- sobre la realidad que vivió. Y también sus sueños…

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