Cada día golpea doce mil veces en forma frenética el tronco de un árbol, dieciseis veces por segundo, más rápido que los disparos de una ametralladora. La fuerza del impacto de su cabeza es equivalente a mil veces la fuerza que ejerce la gravedad. Para mantener ese vigor puede comer mil hormigas o larvas en una sola jornada.
El pájaro carpintero taladra la madera con tanto entusiasmo para construir su nido, buscar comida, guardarla en los orificios o simplemente para comunicarse entre sí con la música que produce su percusión incesante.
¿Cómo evita el dolor de cabeza y soporta los impactos sin terminar aturdido y extenuado?
El pico forma una unidad con el cráneo que está reforzado y dispone de músculos que se tensan en contra del sentido de los golpes, absorbiendo cada uno de ellos.
El pico tiene una curvatura que evita su ruptura y transforma cada golpe en fuerza de empuje.
Emplea una increíble técnica de martilleo con la cabeza y el pico perfectamente alineados, de manera que el tejido esponjoso conectivo, absorbe eficientemente la fuerza de los impactos.
La disposición especial de la lengua minimiza eficazmente los golpes. Tras dar un rodeo dentro del cráneo se liga a la parte superior de la cabeza, lo que hace que el músculo lingual trabaje como un tensor.
Algunas personas persisten en forma infatigable con las mismas actitudes y reiteran la misma experiencia una y otra vez. No cuentan con la prodigiosa fisiología del pájaro carpintero y la realidad los hace rebotar porque repele la testarudez con la que acometen. Estos seres son auténticos pájaros locos, verlos aferrados a su testarudez los hace un poco cómicos. No tienen el propósito de anidar o de alimentarse, simplemente golpean y resisten aturdidos.
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