Osvaldo «Pacha» Codaro, verdadera gloria del deporte nacional

Uno de los mejores jugadores de la historia del waterpolo.

Basta con «googlear» su nombre para que aparezca en pantalla aquella inolvidable imagen de la tapa de El grafico Nro. 1623, del año 1950. Es que para entonces, con solo 20 años de edad, Osvaldo Horacio Codaro ya se perfilaba como uno de los mejores jugadores de la historia del waterpolo mundial y se iba convirtiendo en uno de los más destacados deportistas argentinos de todos los tiempos.

Osvaldo Codaro nació un 9 de diciembre de 1930, en Avellaneda, y la sede del Club Independiente pasó a ser pronto su segundo hogar.

Codaro inició su carrera deportiva precisamente en el «Rojo de Avellaneda», a los 12 años, donde comenzó a competir en Natación, de la mano de su entrenador Santiago Gentile.

En pocos años, sus dotes de gran nadador dieron frutos, llegando a ser Campeón Argentino de 100, 200 y 400 metros libres. Sin embargo, los éxitos conseguidos en cada paso, o mejor dicho, en cada brazada que daba el joven Osvaldo, dieron lugar al waterpolo, un deporte que «Pacha» adoptó con gran pasión. «Los entrenadores de natación son muy celosos. No quieren que te vayas al waterpolo. Según me decían, perjudicaba el estilo para nadar, pero a mí me daba más fuerza», explicó Codaro, a quien, su gran porte (1.90 m, 95 Kg.) no impedía que se moviera «como un pez e el agua».

La historia dirá que «Pacha» Codaro fue uno de los máximos exponentes de la generación dorada del waterpolo argentino, enmarcada entre los años 1950 y 1960.

En el ámbito local integró el plantel de Independiente y luego también jugó para Comunicaciones y Boca Juniors. En el plano internacional, con la Selección Argentina, formó parte del equipo bicampeón en los Juegos Panamericanos (Argentina 1951 y México 1955) y que obtuvo además las medallas de plata y bronce en Estados Unidos 1959 y Brasil 1963, respectivamente.

En aquella década dorada, la Selección Argentina de Waterpolo también se consagró 4 veces campeona sudamericana (Perú 1952, Chile 1956, Uruguay 1958 y Colombia 1960). Y el gran nivel mostrado por esos años, lo llevó al seleccionado argentino a participar en tres ediciones de los Juegos Olímpicos, donde el genial Osvaldo fue figura excluyente.

«Pacha» fue el jugador más joven -de entre 156 waterpolistas de 18 países- en disputar los Juegos Olímpicos de Londres, en 1948, con 17 años y 242 días de edad.

Allí se cruzó con uno de los mejores jugadores de América de esa época, y próximo a su retiro, un tal Joao Havelange, que estrechó su mano y dio su veredicto ante el público: «Yo me retiro, pero queda él», dejando en claro que le pasaba la posta a otro gran jugador de polo acuático.

Luego vendrían las participaciones en Helsinki 1952 y Roma 1960, donde la discreta participación del equipo no opacó el notable desempeño del inigualable Osvaldo Codaro quien, de existir un ranking individual, habría ocupado un top ten.
«En Roma jugué el partido de gala porque, era considerado uno de los mejores jugadores del mundo. Estaba en mi mejor momento, a punto de cumplir los 30. Para mí, la mejor edad, por la experiencia y el roce internacional que había tenido», recuerda «Pacha», con gran humildad, de aquellos momentos de gloria.

El deporte y el hombre

De chico, Osvaldo hacía repartos para una panadería y el «tano» que era el dueño le reclamaba: «¡Movete, pachorra!» De ahí le quedó el cariñoso apodo «Pacha».

En 1947, los andariveles de la vida hicieron que se topara con Tota, su incondicional compañera desde entonces. «Cuando me mudé a la calle Alberdi 190, perdí», exclamó con una mueca. «Ahí se ganó la lotería, porque me conoció a mí», lo interrumpió su esposa Tota, entre risas, sumándose a la charla.

El feliz matrimonio tuvo la suerte de compartir actividades laborales (ambos fueron docentes de educación física y entrenadores, ella de natación y él de waterpolo) y estilo de vida, marcado principalmente por el deporte -sobre todo acuático-, y que luego transfirieron a sus 5 hijos.

Osvaldo se acuerda que en cada competencia «el mismo moisés estaba al lado de la pileta, porque cada dos años venía un hijo».

«Debe haber sido por respirar tanto cloro», bromeó al tiempo que intentó encontrar alguna explicación Codaro, sobre las elecciones de sus hijos, repartidos por el mundo.

La mayor, Liliana Cristina, obtuvo una beca en Europa y allí conoció un japonés con el que se casó y se fue a vivir a Tokio, aunque volvió en el 93.

Detrás de ella fue Hugo Gustavo -que también fue nadador y waterpolista-, quien se contactó con su cuñado (el esposo de Liliana) en el 83, cuando éste vino a conocer el país. A él lo invitaron a irse a Japón (también era profesor de educación física) y allí se estableció, dando cursos de aeróbic.

Mariela está en Italia. Se recibió de profesora de educación física y se fue en su juventud a Europa a jugar voley, porque allí podía jugar sin ocupar plaza de extranjera. «Integró la selección nacional de cadetes, juveniles y mayores de voley, estando acá, porque andaba muy bien», apuntó su padre. Luego fue entrenadora de voley, actividad que continua en la actualidad, además de ser vendedora de ropa deportiva de dos marcas reconocidas internacionalmente.

Rosana Silvina vive desde hace 20 años en Brasil. Es analista de sistemas y también fue una gran nadadora, que en la actualidad compite en Masters de natación. A ella la van a visitarla todos los fines de año.

Alejandro, «Pachita», es waterpolista y arquitecto. A los 17 años empezó en la selección juvenil. «Hijo de tigre, pero nunca como el tigre», bromeó papá Osvaldo. ¿Las razones? En él predominó el estudio antes que el deporte. Pero estuvo 15 años en la Selección. Santiago, su hijo de 15 años, también juega waterpolo. «Está en la gatera, pero le falta un golpe de horno», comentó Codaro sobre su nieto, que aparentemente sigue sus pasos.

Siempre el deporte fue un denominador común en la familia Codaro. «Vida sana in corpore sano», reivindicó Osvaldo que dejó de jugar oficialmente en 1972. «Pero a los tres días yo ya tenía un club para seguir entrenándome. Siempre al lado de la pileta con la gente. Hoy no quiero integrar más comisiones, porque ya han pasado muchos años. Puedo dar consejos, dar una charla o una clínica, comentar películas o videos, pero nada más», sostiene Pacha, una verdadera gloria del deporte nacional, que además de jugador, fue entrenador, Presidente de la Federación de Waterpolo y un incansable dirigente que «se cansó de golpear puertas» para que las delegaciones juveniles compitieran internacionalmente.

A los 81 años, Osvaldo Codaro sigue haciendo natación 3 veces por semana y complementa su actividad física con el gimnasio, ante la atenta mirada de sus médicos que «le hacen chapa y pintura» cuando es necesario.
Pero fundamentalmente sigue disfrutando del amor de su familia que, aunque lejos en el mapa, sigue siempre cerca desde el corazón.
«Con Tota siempre estamos deseando viajar. Parece que esos viajes nos quitaran años de encima», finalizó.

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