Omar Campos, compromiso sanmartiniano y ciudadano

Conduce una reconocida inmobiliaria y es practicante del Arte de Vivir.

En una de las notas anteriores, en la que retratábamos al gran historiador Rudi Varela, mencionábamos la importancia de conocer nuestro pasado para poder avanzar, a paso firme, de cara al futuro.

Siguiendo en esa línea temática, qué importante resulta, también, conocer a aquellos hombres que fueron protagonistas, hacedores y forjadores de nuestra historia. En tal sentido, el General José de San Martín se convierte en una figura excluyente, que aún hoy, a casi 162 años de su muerte, sigue cosechando adeptos a nivel mundial.

«Descubrí a San Martín ya de grande, en forma autodidáctica, porque no tengo una formación cultural histórica de joven. Cuando uno empieza a indagar la historia, inevitablemente se encuentra con este personaje que es verdaderamente apasionante. Un hombre que vivió muchos años (fue uno de nuestros próceres más longevos) y que en su vasta historia y en su breve paso por esta tierra hizo tantísimas cosas», resaltó Omar Campos, presidente de la Asociación Sanmartiniana de Avellaneda, un grupo que se dedica a difundir, con mucha pasión, la historia del Padre de la Patria, Santo de la Espada y glorioso Libertador de América.

«Lamentablemente no hay demasiadas referencias –o no todas las que uno quisiera- para develar algunos misterios. Pero en general la historia de San Martín ha sido escrita muchas veces, por buenos autores y hay muchísimo para enterarse», opinó Campos, quien asegura que el legado del prócer constituye un tesoro digno de descubrir.

A la hora de definirse, Omar dice ser un hombre hecho «por sí mismo». Egresó de una escuela técnica, «cuando todavía las cosas eran a válvula y no existían los transistores y la televisión era en blanco y negro».

Por esos mandatos tradicionales de la época, asumió responsabilidades familiares desde muy joven. «Los primeros años de los veinte eran para formar una familia, para casarse y tener hijos. Y el hecho de haber formado un hogar tan pronto hizo que quedaran de lado un montón de cuestiones de índole personal», explicó el entrevistado, que empezó a «amigarse» con el estudio de la historia recién a los 25 años.

Primero había que trabajar y encaminar la familia. Fue así que empezó a trabajar en la inmobiliaria Parajón –de amplia trayectoria en la zona de Gerli- que pertenecía por entonces a su suegro. «Trabajo aquí desde hace más de 30 años. Fuimos socios con mi suegro durante muchos años. Al principio fui su empleado, luego el marido de su hija y más tarde el padre de sus nietos. Por cuestiones naturales de la vida, cuando él partió quedé al frente del negocio», relató Campos.

Una vez que las cuestiones materiales se encauzaron, Omar comenzó su desarrollo personal y sobre todo «espiritual», dedicando parte de su tiempo a fundar distintas instituciones de bien público, a formar parte de cooperadoras escolares y orientando sus actividades al servicio de la comunidad, mientras iba cultivando su pasión por la historia.

El titular de la Asociación Sanmartiniana de Avellaneda detalló el novedoso formato que tiene el proyecto que en la actualidad lleva adelante la institución.

«Con todo el material que fuimos recabando, armamos un proyecto pedagógico con la idea de que el conocimiento no quedara reservado exclusivamente al territorio académico, o a las grandes bibliotecas o a los lugares en los que se habla mucho de San Martín. Tratamos de llevarlo a la comunidad, en el lenguaje que habla la gente», expresó el fanático del máximo prócer argentino.

«Lo que hice fue contactarme con el circuito educativo, para llevar todo nuestro conocimiento, de diversas formas, a la juventud. Tratar de que esto llegue a los más chicos de la forma menos filtrada posible», agregó el responsable de la Asociación Sanmartiniana local.

Más allá del formato del espectáculo que brindan en las escuelas, en el que predomina lo visual, la presentación incluye imágenes y relatos de una experiencia inolvidable para los integrantes de la asociación. «Hice el cruce de los andes a lomo de mula, en dos oportunidades, partiendo desde Mendoza (2004) y desde San Juan (2008), cruzando por los pasos de Uspallata y de Los Patos, con el objetivo de vivenciar todas estas cuestiones de San Marín y así poder aportar sensaciones a las charlas», dijo orgulloso, Campos.

Omar mencionó que «Los chicos son totalmente receptivos, pero hemos adaptado el discurso, que ya no es más el discurso oral del maestro ciruela frente a la clase. Así el chico no tiene ningún tipo de fantasías ni de sueños, no se engancha y no puede elaborar nada».

«En la presentación nos ponemos junto a los alumnos, nos vestimos de expedicionarios y los chicos van escuchando y viendo el espectáculo», prosiguió el expositor.

«Y cuando nos dan lugar, hacemos que los alumnos compartan algunas cuestiones de compañerismo y amistad, similares a las que nosotros vivimos en los cruces. Así que los dividimos en grupos y armamos ruedas de mate y armamos fogones, para hacerlo más atractivo.

Compromiso ciudadano
Si bien la actividad inmobiliaria le permite una cierta flexibilidad de horarios, amigos y conocidos siempre le han preguntado cómo ha hecho para ocuparse de todo, en forma simultánea. Su respuesta es simple y sencilla: «Solo hay que tener ganas de hacerlo y tener espíritu. Hay gente que pasa su vida detrás de un escritorio haciendo plata y yo paso mi vida siendo feliz, haciendo lo que me gusta».

Para Campos, además de la satisfacción personal que le provoca, su actividad responde a la necesidad de retribuir a la comunidad todo lo que ésta le dio.

«Yo vivo de la gente. La gente me ha dado casa, comida, me ha permitido educar a mis hijos… Entonces yo le debo muchísimo a la sociedad. Siento que con esto estoy devolviéndole a la sociedad una pequeña parte de todo aquello que me brindó», afirmó, refiriéndose a las charlas que realiza, principalmente, en establecimientos educativos primarios y secundarios, aunque también, eventualmente, los ofrece en otras instituciones sociales.

Pero para poder afrontar todas estas actividades, Omar comentó que necesita encontrar un momento de la vida algo donde poder «desestresarse y poner su cable a tierra». Es que tiempo atrás sufrió en carne propia, los perjuicios de la vorágine cotidiana.

«Tuve un problema de salud a los 49 años, bastante serio, que me obligó a replantear muchos objetivos de la vida. Fui enfermo cardíaco y me operaron del corazón con bypass.

Mi señora Beatriz (su segundo matrimonio) me llevó a conocer El Arte de Vivir y a través de las técnicas de respiración pude recuperarme totalmente. Me renové, me siento un hombre nuevo. Es una forma de vida y me convertí en un voluntario de la fundación y soy un entusiasta practicante de la respiración. Allí, entre el mundo material y el mundo espiritual uno puede encontrar el equilibrio para llevar una vida digna de ser vivida», sostuvo.

Este hombre que hoy tiene 52, da gracias a la vida, por esa segunda oportunidad y admite que cuando salió de ese proceso, su visión acerca del prójimo y de su misión cambió radicalmente.

Nacido en el Hospital Fiorito e hincha de Independiente, Omar Campos aseguró que «aprende mucho» escuchando a sus hijos (Gonzalo y Vedra) y considera que Avellaneda es «un gran lugar en el mundo».

Hacia el final de la charla, el apasionado estudioso del Gral. San Martín dejó, una reflexión para todos nuestros ciudadanos.

«Yo invito al vecino de Avellaneda a que se sume no solo al compromiso sanmartiniano sino al compromiso ciudadano y a compartir el conocimiento de cualquiera de las cosas que tenga, con sus semejantes. Hay muchos avellanedenses que fueron testigos de cosas que pasaron en Avellaneda, de la historia viva de Avellaneda. Y ellos son los portadores del legado. Antes de irnos tenemos que dejar las cosas armadas y escritas para que la juventud no las olvide», concluyó.

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