Maldito descubierto

Escribe: Claudio Penso, especialista en impulsar procesos de cambio y crecimiento.

 

Como muchos comerciantes a lo largo de la historia, William Hog pensaba en crecer y ampliar su negocio. Tenía dinero pero no el suficiente. El Royal Bank of Scotland había abierto sus puertas en Edimburgo y urdió una idea innovadora: Los clientes podían utilizar más dinero en efectivo del que tenían en sus cuentas a cambio de un interés. Era el siglo XVIII y los bancos conocían muy bien a todos los habitantes y sabían a quienes podían darle crédito. Así fue que Hog fue el primer cliente en utilizar el descubierto en cuenta bancaria sin saberlo.
Muchas personas llegan al límite de su disponibilidad, a veces tienen los recursos pero no están alineados los ingresos con los egresos. Entonces acuden al crédito como un salvataje transitorio. Subestiman el costo y poco a poco se ven entrampados en una dependencia que los va debilitando. Como una droga, cada vez es necesaria una dosis más alta para lograr el bienestar temporario.

 
¿Cómo terminan? La necesidad de conseguir el flujo de fondos para pagar el descubierto los transforma en adictos. El crédito consume su rentabilidad genuina y el foco de su energía. Esa bocanada de aire fresco se convierte en una tortura. Por eso, muchos quebrantos contienen una extraordinaria lección: trabajar para el negocio todo el tiempo y no gastar más de lo que efectivamente se puede.

claudio@claudiopenso.com

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