La quema de libros en Sarandí

Escribe Antonio J. González.

Fue uno de los hechos graves de la dictadura del ’76 del cual se cumplieron 33 años y que hemos comentado en varias notas periodísticas, incluyendo esta columna. Fue la quema de libros del Centro Editor de América Latina (CEAL) y nos reconforta la memora pública porque tanto los vecinos como el gobierno municipal, así como el escritor y periodista Mempo Giardinelli no dejaron pasar por alto este triste aniversario.

El municipio acompañó el 26 de junio último al grupo cultural “La grieta” en un acto realizado en la calle Ferré, entre C. Larralde y Lucena, para conmemorar los 33 años de la quema de libros. Una gran cantidad de vecinos, chicos del Envión local y funcionarios municipales se dieron cita en el lugar donde se produjo la quema de más de cinco toneladas de ejemplares Con un show musical y demostraciones alusivas, se escuchó el testimonio de la responsable de la Enciclopedia Joven quemada en su totalidad y hoy docente de la UBA, Amanda Toubes. Recordó a la CEAL, dirigida entonces por el editor Boris Spivacow, como “una locura de trabajo, pasión, discusión, risas y llantos”. Además, Toubes compartió su recuerdo de la quema con los presentes. En 1980, desde el depósito que la editorial alquilaba se trasladaron toneladas de libros en camiones hasta el baldío de Ferré, entre Larralde y Lucena, para ser quemados. Por su parte, el secretario de Gobierno municipal, Pablo Vera, reivindicó a los trabajadores del CEAL, y a los compañeros de La grieta por “su obstinación militante”.Asimismo, manifestó su orgullo de “participar de un proyecto de país que empezó a recuperar la memoria, la verdad y la justicia”. Para finalizar, llamó a contar esta historia a muchos más para seguir haciendo memoria. En el cierre, se descubrió una placa con el lema “Más libros para más. Porque la memoria está encendida” en la fábrica que hoy ocupa el baldío de la quema.

Simultáneamente el escritor Mempo Giardinelli escribió en un diario nacional: “Ese 26 de junio de 1980 está en la memoria más horrible de la Argentina y escribo esto pensando una vez más en todo el dolor que todavía nos deben. Propongo recordar lo sucedido. Propongo que imaginemos aquel 26 de junio de aquel 1980. Día frío y gris, pero no llueve. La acción en Sarandí, partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. A corta distancia de lo que entonces se llamaba Capital Federal, vemos que de un gran depósito sobre las calles O’Higgins y Agüero (hoy Crisólogo Larralde) entran y salen camiones cargados de libros. Son veinticuatro toneladas de libros. En silencio, suboficiales, soldados y policías vacían lentamente el depósito bajo las escrutadoras severas miradas de oficiales del Ejército Argentino, algunos muy jóvenes”. Recordó también a Boris Spivacow, “un respetado matemático de 65 años, hijo de inmigrantes rusos. Entre 1958 y 1966 había sido gerente general de Eudeba (la Editorial de la Universidad de Buenos Aires) y la había colocado en el pináculo de la consideración pública por sus colecciones de extraordinaria calidad y cuidado a precios populares”.

Es bueno constatar que la memoria sigue encendida y viva, también en los barrios de la ciudad.

ajgpaloma@gmail.com

noticias relacionadas