La óptica Dausá festeja sus 30 años en Avellaneda

El fundador de este negocio familiar ubicado en Belgrano 708 de Avellaneda, habla de los inicios del local, el crecimiento de la marca y el secreto para mantener la vigencia.

Cuando Omar Dausá abrió en 1985 una óptica porque tenía una rápida salida laboral, no pensó que 30 años después su marca iba a estar vigente con dos locales y con dos generaciones abocadas al rubro. Tres décadas después, Omar sigue al frente del local ubicado en avenida Belgrano 708 mientras que su hijo Jorge es dueño de la sucursal Juncal 1123, que abrió sus puertas en 2012 en la ciudad de Buenos Aires.

 
«Fue una apuesta porque estaba estudiando análisis de sistema en la Facultad de Ciencias Exactas y dejé. Entonces un visitador médico me aconseja estudiar óptica por la rápida salida laboral», dijo Dausá. Fue así que se recibió como en 1985 y ese año abrió el primer local de la óptica junto a un socio con quien alternaba en la codirección del negocio.

 
Durante seis años alquiló en Italia 159 y en 1991 compró el local donde actualmente está. «El gran esfuerzo era apostar a que me conocieran y que la gente del barrio confíe en mí. Gracias a Dios lo he logrado», aseguró el óptico. En pleno auge de los grandes centros comerciales, Dausá no se achicó y se animó a llevar adelante este emprendimiento. Consciente de que no podía ni puede competir contra ellos, siempre buscó acercar el negocio a la gente. «Siempre aposté a brindar un servicio y ser honesto con mi trabajo y a dar lo mejor que podía», agregó.

 
En cuanto a la evolución del mercado, destacó que 30 años después «el negocio hoy pasa por las ventas y la gente está más habituada a pedir lo que está de moda». Sobre esto, contó que los clientes «consumen mucho lo que se llama el anteojo de plástico, que en realidad es celuloide, y eligen más los grandes y llamativos porque se puede jugar con el color del marco y las patillas». Y destacó: «La gente ya no tiene tanto pudor».

 
Pero en el trabajo no está solo sino que que lo acompañan sus hijos. Juan y Jorge atendieron durante un tiempo en el local de avenida Belgrano. Si bien Juan decidió estudiar una carrera distinta a la de óptico, Jorge siguió el camino del padre y abrió un local en Capital Federal con el mismo nombre pero distinto enfoque. «Jorge se recibió en 2008 y con el mismo espíritu emprendedor abrió una sucursal en una zona distinta, con otros desafíos y mercaderías. Yo soy el presente y Jorge es el futuro. Jorge habla dos idiomas y trabaja con extranjeros, un tipo de cliente que acá no hay», afirmó.

 
Y las generaciones de Dausá dedicadas a la óptica parece que no se detendrá. Omar tiene un nieto de 5 años llamado Mateo (hijo de Jorge) y tiene la ilusión de que sea la tercera generación de ópticos en la familia. «Me entusiasma pensar que siga la carrera y lo alentaría ya que la sucesión es indispensable. Hay que apostar a que se continúe con lo que uno hizo, pero si bien uno puede marcar el camino hay que dejarlos libre para que ellos elijan», reflexionó.
De cara a su futuro laboral, aseguró: «Seguiré hasta que me dé la salud y me voy a retirar cuando pierda el entusiasmo por atender al público». Aunque advirtió que consideraría alejarse de la óptica si surge algún proyecto distinto que lo tiente. «Si se da una apertura empresarial distinta a esta la voy a considerar y una distribuidora de armazones sería el proyecto que me seduce», contó. Sobre latente espíritu emprendedor que lo alienta a seguir buscando desafíos, profundizó: «Lo malo es cuando lo cotidiano se vuelve rutinario y la diferencia entre lo cotidiano y rutinario es que perdés el entusiasmo por lo que hacés y lo hacés a desgano»
Por último, se refirió a su receta para mantener sustentable el negocio a lo largo de los años. «Si no hacés las cosas bien perdés prestigio y no van a confiar en vos. Siempre aposté al sacrificio, al esfuerzo y a la dedicación. Traté de brindar el mejor precio para el cliente, pero sin resignar la calidad. Nunca sacrifiqué calidad en base al precio porque eso vuelve en contra ya que su vida útil es corta y los problemas se multiplican», cuenta. Y dejó un consejo para aquellos que se inician en el mundo del comercio: «El secreto de todo negocio es saber escuchar las necesidades del cliente y no adelantarse».

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