EEUU, al borde del default: la crisis de la deuda golpea al corazón de la economía mundial

Apenas un fin de semana y un día hábil separan a Estados Unidos de caer en la impensable cesación de pagos de la primera potencia económica y política del planeta.

La completa parálisis y división interna que enfrentan los dos grandes partidos estadounidenses ha llevado la actual impasse al paroxismo.

La pasada noche del jueves, los Republicanos no pudieron siquiera tratar en la Cámara de Representantes su proyecto de ley fiscal. Un proyecto que no hubiera pasado en el Senado, con mayoría Demócrata, pero cuyo fracaso fue producto de la negativa del Tea Party (republicanos de extrema derecha) a votarlo.

Pero la impotencia política de los Republicanos, desgarrados internamente, no es menor a la de los Demócratas, cuya expresión más clara es el presidente Barack Obama, quien no cesa de hacer desesperados llamados a un acuerdo bipartidista de última hora.

El partido en el poder ha aceptado el 90% de las exigencias de recortes de gastos sociales impuestas por los opositores. Ha renunciado, incluso, a su única exigencia: aumentar impuestos a los más ricos. Ni siquiera así parece posible un consenso que salve a EEUU de caer en cesación de pagos y rodar por el abismo.

Las causas de la crisis política son, sin dudas, profundas, y marcan un grado de desorientación mayúsculo en las cúpulas del poder.

El hecho de que un grupo minoritario como el Tea Party esté marcando los tiempos de la política y de la economía estadounidense, dice mucho sobre el alcance del desbarajuste político.

Sin embargo, los mercados siguen reflejando de manera muy leve lo que se perfila como la antesala de una suspensión de pagos.

El rendimientos de los Bonos del Tesoro no suben, el dólar oscila con una moderada tendencia bajista, las Bolsas caen pero apenas centésimas cada día.

Un elemento explicativo de esta conducta es, sin dudas, el enorme temor que crea la sola idea de un derrumbe de los bonos y del dólar, reserva de valor universal, en los que se concentran la mayor parte de las reservas de los bancos centrales y en la que se denominan las grandes transacciones del comercio mundial.

La paradoja de esta suerte de «blindaje» que parecen mostrar los mercados si se tiene en cuenta que todo anticipa un colapso fiscal, monetario y financiero en EEUU, podría no parecer tal recordando lo ocurrido durante la caída de Lehman Brothers, en septiembre de 2008.

El pánico desatado en aquel momento no derivó en el esperado derrumbe de la cotización del dólar y de una disparada de los rendimientos de los bonos del Tesoro y, por el contrario, se produjo un flujo masivo de capitales hacia Estados Unidos ante la carencia de refugios alternativos.

Desde entonces, el oro ha subido más de 400 dólares la onza y, junto al franco suizo y al yen, en menor medida, son los únicos activos en los que se corporiza un refugio, aunque de momento sean alternativas relativamente escasas.

La posibilidad de que el gobierno de Obama extienda el plazo del 2 de agosto es otro de los elementos a ser valorados para entender el comportamiento de los inversores y de las grandes corporaciones y bancos norteamericanos y de todos los países.

En las últimas horas de ayer, el rumor de una salida momentánea de este tipo ha crecido significativamente, más allá de la negativa cerrada a apelar a esta posibilidad que mostró el gobierno de Obama en las últimas dos semanas.

Más allá del desenlace de esta lucha política aguda y sus consecuencias económicas inmediatas, lo que está develando el debate de EEUU es que la crisis de endeudamiento global ha llegado al epicentro de la economía global.

En caso de un colapso real de las finanzas estadounidenses, la crisis de la deuda en Europa podría acelerarse y generar un cuadro imprevisible de la economía mundial en su conjunto.

Pero incluso en la eventualidad de un pacto de última hora en el Congreso de Estados Unidos, la necesidad de proceder a un ajuste billonario del gasto público en el país también iría en la misma línea recomendada y aplicada actualmente en los países europeos que han caído ya en default.

El gran interrogante, por encima de los avatares propiamente financieros, es de qué manera se comportará la economía mundial con EEUU y Europa abocados a ajustes de carácter recesivo, limitantes del comercio internacional y que presionarán aún más la guerra de divisas desatada en el último año en el mundo.

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