Cómo decirle a una criatura “No te acerques”

Este año Vivian Darfeuille, como tantos otros, es maestra desde casa. Tiene a su cargo 1º año en el turno mañana y enseña Prácticas del Lenguaje y Ciencias Sociales en 5º y 6º años en el turno tarde, de una institución de gestión estatal del conurbano. Relata aquí parte de sus vivencias en esta nueva forma de hacer escuela que debimos adoptar.

Todos fuimos sorprendidos por la medida de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) que, junto con las de Distanciamiento que estamos escuchando en los últimos días, siguen siendo, a mi parecer, las maneras más claras y seguras para cuidarnos y cuidar al otro del contagio de Covid-19. La pandemia puso al desnudo, fallas de distintos sistemas e instituciones en la totalidad de los países del mundo. En esto no hay diferencias sustanciales en la prestación de servicios sociales básicos que son (o debieran de ser): la salud y la educación.

La frase que me convoca a escribir es “la escuela la sostienen los maestros”. Por diversas razones y en diferentes contextos de nuestra historia esta idea ha sido, a mi criterio, una verdad. Tal vez haya de mi parte una vanidad inmerecida, o quizás un orgullo por la pertenencia a esta clase de trabajador: soy docente. Basándome en mis propias experiencias me atrevo a decir que, finalmente, el que pone el cuerpo es quien, en buena medida, posibilita que se aprenda o no, que se crezca con experiencias significativas o no, que se transite la escolaridad durante la niñez y la adolescencia con alegrías o no,… aunque es una realidad innegable que esta coyuntura dejó a muchos afuera por la falta de condiciones materiales.

En esta oportunidad quisiera compartir con los lectores, las vivencias de una maestra de nivel primario durante este año. Una entre miles. Una charla en la que nos relata acerca de la cotidianeidad de un servidor público, como lo es el maestro. Lejos está la intención de presentarla como un ejemplo a seguir, no quiero ser injusta con los tantos otros que, como ella, realizan esta tarea y no tengo la oportunidad de contactar o entrevistar. Pienso que conocer una experiencia particular posibilita enriquecer nuestra mirada sobre las realidades ajenas. Que además nos ayuda a tener mayor empatía, esto es, ponernos en el lugar del otro para comprender y valorar mejor su trabajo que, con aciertos y con errores llevan adelante
para hacer que los pibes de nuestra sociedad, sigan teniendo posibilidades de crecer, aprendiendo.

Vivian, me gustaría que nos contaras cuántos años hace que sos maestra y qué te llevó
a estudiar y trabajar como tal
Ya casi 25 años como docente de grado, también hice Conducción de servicios educativos (así se llamaba en esa época) una carrera de dos años y medio cuando tenía diez años de antigüedad en la docencia. La vida hizo que detuviera mi ejercicio durante otros diez años, pero esto es mi pasión. De niña me encantaba jugar a la maestra e imitar a las de mi escuela primaria. Cada una tenía algo especial. Hoy se trabaja diferente.

Ser docente es una vocación, eso me llevó a animarme a transitar un curso de ingreso para entrar al profesorado, ya que me había recibido de perito mercantil. Todavía recuerdo a dos profesoras del terciario y sus enseñanzas que fueron referentes muy importantes para mí.

¿Te acordás cuál fue tu primera reacción ante la indicación del cierre de las escuelas a dos
semanas del inicio del ciclo escolar? ¿Qué sentiste? ¿Qué pensaste?

Sorpresa. Sorpresa y temor. Temor ante la incertidumbre, pero como en la escuela somos un equipo, poco a poco empezamos a hacer previsiones de cómo podríamos hacer si se diera la situación…

¿Cuáles fueron los principales desafíos que esta situación te impuso?
Mi relación con la tecnología se limitaba a armar archivos, mis planificaciones, tengo mis carpetas, correo electrónico para comunicarnos, whatsapp (WS), llamadas telefónicas. Pero el cambio vino cuando mi teléfono ya no podía utilizarlo para hacer video-llamadas de a seis, o no contaba con espacio suficiente. El WS fue lo primero que utilizamos porque muchos alumnos tienen su teléfono con una carga limitada; son muy pocos los que tienen internet en casa, entonces ese fue un desafío. Mis hijas me enseñaron a usar WS web que me sirvió para armar carpetas de mis alumnos en un pendrive, en realidad no en mi computadora porque también la comparto con ellas, que son estudiantes. Tengo registro de todo lo que pudimos trabajar con mis alumnos, desde ese 17 de marzo hasta hoy. Ayudó que tenga jóvenes en la casa.

Viendo “el vaso medio lleno” ¿qué beneficios considerás que trajo esta realidad a la enseñanza?
Primer beneficio, más allá de la distancia física, la tecnología nos acercó. Pudimos hacer, a nivel escuela, muchas más reuniones de equipo que cuando estábamos en la presencialidad. Coincidir en horarios… fue mucho más fácil organizar encuentros para hacer acuerdos, para dar respuestas.

Y lo mismo sucedió con las familias, nos hemos conocido más, y lo importante es que para comenzar a trabajar, ese vínculo emocional que se generó con las familias, favoreció el contacto con los chicos y el avance en sus aprendizajes. Antes de comenzar a trabajar siempre es:  -“Cómo están hoy?” “Miren qué lindo día!”. Y entonces alguna familia en particular dice -“Uy, Seño, empecé a trabajar” Y ahí: -”Qué bueno” Al siguiente encuentro: -“¿Cómo va ese trabajo?, ¿organizaste tus horarios?” Otro: -”Seño, estamos aislados, estamos con Covid”. -Bueno “Fuerza!, quédense tranquilos!”…

En este caso de la escuela primaria, si no contás con la familia, no tenés forma de llegar al chico, acá la necesitás sí o sí. La situación viene a demostrar la unidad con la que tienen que trabajar familia y escuela, ¿verdad?

Claro, en primer lugar es el vínculo. Y el que se gestó, ahora va a seguir el año próximo!!!

Al principio, por ejemplo, un papá policía y una mamá enfermera en lugar de mandarme la tarea, me mandaban, con mucho orgullo, fotos de ellos en sus trabajos. Yo agradecida, porque ellos son esenciales y quizá en otro momento eran solo trabajadores para mí; ahora hay mayor conexión donde lo emocional se hizo prioritario y, por añadidura, después vino el proceso de enseñanza y de aprendizaje.

Por otra parte y siempre desde tu mirada como maestra, ¿cuáles son los obstáculos mayores o tus principales preocupaciones frente a la situación que vivimos?
Mi preocupación tiene que ver con los alumnos que a lo mejor sí envían las actividades pero no se pueden conectar en los encuentros por Meet o por Zoom donde ahí sí vemos si aprendió ese contenido, si los objetivos que me propuse se lograron.

¿Qué es lo que más extrañás de la escuela?

El abrazo. Cuando me fui de la escuela que ya dos días antes preveíamos que no nos íbamos a ver, había una nena que me saludaba todo el tiempo y decía “abracito!!!” CÓMO LE DIGO A UNA NENA DE PRIMER GRADO QUE NO LA PODÍA ABRAZAR!!!! Con los más grandes lo empezábamos a practicar a manera de juego. Pensábamos que iba a terminar prontito… Fue duro, especialmente decirle a la nena de primero “no te acerques”… eso me quedó… la palabra “abraciiitooo”…

Y el aula… he podido entrar al aula cuando fuimos a preparar la entrega de alimentos. Ver que la cartelera de palabras NO TIENE PALABRAS, me da mucha tristeza…

Sin duda, creo que si logramos atravesar la tormenta, saldremos más fortalecidos!!! Vivian, gracias!, fue un placer…

 

Por Silvia Donnet

(Lic. y Prof. en Ciencias de la Educación)

Si tenés algún comentario o inquietud
te ofrezco comunicarte con silviaescribe2020@gmail.com

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