¿Basta de Avellaneda y Roca?

Escribe: Rudi Varela.

Si observamos el mapa que reproducimos del Diario “La Nación” del 5 de enero del año en curso, mapa del año 1860, de Filadelfia, vemos que para Estados Unidos de América, la Confederación Argentina no comprendía al territorio de la Patagonia, pues hacía terminar su límite meridional en el Río Negro. Pero para asombro de todos, vemos que más al Sur, hasta Tierra del Fuego se lee “Patagonia” y con letra más pequeña “New Chili”.

Consideraban que la región de las actuales provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego era una región chilena.

El avance de los indios mapuches de ese país hacia esa zona, hace 154 años les hicieron entender que eso sería el “Nuevo Chile”.

Este documento cartográfico no es el único; coexiste con otros similares.

Sin embargo hay personas (argentinas?) que despotrican contra el Ministro de Guerra y Marina del Presidente Avellaneda general Julio Argentino Roca por la campaña hasta la zona de Río Negro, donde con solo 36 años impuso la preeminencia de nuestro país.

Tenía como objetivo derrotar a las tribus mapuches de origen chileno, que habían aniquilado a los pueblos originarios tehuelches y eran instrumento de empresarios trasandinos que compraban los productos de sus saqueos.

Partió a la “Gran Invasión” de Buenos Aires el 16 de abril de 1879 y la marcha desde Carhué el 25 con 5 divisiones y regresó a Buenos Aires 83 días después, el 8 de julio vía Océano Atlántico.

Pero el problema seguía más al sur del Río Negro. Roca, como el presidente más joven de la Argentina en 1880 lo solucionó el 23 de julio de 1881; esta vez sin luchar contra indios, solo con la intervención de Bernardo de Irigoyen y el Cónsul General de Chile Francisco de Borja Echeverría hasta la latitud de 52º. “Por las cumbres más elevadas de dicha Cordillera que dividen las aguas y pasaría por entre las vertientes que se desprenden a un lado y otro”.

Afianzó la soberanía nacional, sobre territorios disputados cuya explotación necesitaba el país para resolver el problema económico y contribuyó a delinear el mapa, sobre el que en su primera presidencia consolidaría la organización política del país, con paz y armonía.

Esto se vio complementado por Francisco Pascasio Moreno quien pretendió tomar la “línea divisoria de las aguas” en lugar de “las altas cumbres que dividen aguas” hacia el Atlántico y el Pacífico, evitando que perdiéramos los lagos, la precordillera y la Cordillera al sur del Lago Gutiérrez, hoy lindante con Bariloche; tampoco serían argentinos el Lago Nahuel Huapi ni el yacimiento de Vaca Muerta y otros lugares.

Se rumoreaba que en Avellaneda se quería cambiar el nombre de la Avenida Roca que divide la ciudad Avellaneda Centro con Dock Sud y que se derribaría o trasladaría el monumento a Roca en la Capital Federal, pero hasta hoy son solo rumores.

Lo que no son rumores es el hecho de haber sido cambiado el nombre de la estación ferroviaria Avellaneda después de llevarlo durante 110 años por el de Kostecki y Santillán, con el voto de la casi totalidad del Senado de la Nación y la Avenida principal de Río Gallegos por el de Néstor Kirchner y haber cubierto el monumento en el Centro Cívico de Bariloche con un árbol de Navidad.

¡Qué triste ironía!. Sin la intervención de Avellaneda y Roca, la Patagonia hoy sería chilena.

La historia sin patrimonio, conduce a una política errada, aunque los políticos interpreten lo que quieren del pasado.

mabel_alsina2004@yahoo.com.ar

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