Aquellas cosas del ayer: “Veranos eran los de antes”

Escribe Judith Gómez Bas. La autora nació en Piñeiro en 1916, es ciudadana ilustre de Avellaneda y autora de numerosas letras de canciones y poesías. La cantante Adriana Varela convirtió en tango su poema «Chau». Realiza presentaciones en las que recita sus poemas y da charlas y conferencias.

Que bochorno insoportable,
ya no se puede aguantar.
Veranos eran los de antes.
Esos ya no vuelven más.

Los que en el transcurso de la vida vamos acumulando años, sabemos que siempre en el verano hace calor.

Afortunadamente las personas tenemos la facilidad de adecuarnos a las circunstancias que nos toca vivir. Pero eso sí, quejándonos, siempre quejándonos.

¿Se acuerda de algún verano como este? Verdad que no se soporta? Algo está por suceder. Ya lo dijeron los Mayas. ¡ Los viejos mueren deshidratados! ¿Tomó sus dos litros de agua? Y así el tema obligado.

Hace mucho hubo una época, que esta parte del almanaque la disfrutábamos, tomando el fresco con las sillas en la vereda.

Como es natural, Enero llegaba con su cuota de bochorno y altas temperaturas.

Entonces era el momento de sacar a relucir, la ropa liviana que descansaba en la parte alta del ropero. Eran los vestidos de las tardecitas, con su correspondiente enagua, para evitar las transparencias, fresquísimas mangas cortas y un primoroso cuello baby que con tanta fidelidad reproducía ese aspecto infantil de niña boba.

Este atuendo no estaría completo, si no le agregáramos las infaltables y odiosas medias largas, las que constantemente había que subirlas, para que no se arrugaran como acordeón.

Reza un tango titulado “Medias de seda” que la susodichas medias fueron la perdición de una mujer que sin ningún escrúpulo, rechazó las humildes de algodón, para que en sus bien torneadas pantorrillas se lucieran las de seda, en sus alocadas noches, de champang y cabaret.

¿ Y los estóicos varones ? No solo medias y ligas, corbata, sombrero, camiseta.

¿Saben por qué esta prenda, desapareció del ajuar masculino? Fue un hecho fortuito que sirvió para evolucionar las costumbres.

Ocurre en una película que marcó un hito en la cinematografía, aparece Clark Gable con su pinta canchera y su sonrisa socarrona, desabrochándose la camisa y con toda la desfachatez del mundo, queda con su torso desnudo ante los ojos atónitos de los espectadores. Este gesto atrevido, impuso una moda.

Les cuento otra anécdota que se relaciona con el calor y sus consecuencias. Parece un chiste de gallegos, pero en ese tiempo se usaban, los de los ingenuos alemanes Frank y Fritz “Una vecina me pide que la ayude a ovillar una madeja de lana, pues está por tejer unas medias para su marido. Sorprendida y no era para menos, le pregunto ¿Con este calor? y mirándome de arriba abajo me dice ¡no es para tanto! En verano las usa por qué si no, los zapatos le quedan grandes.

Transitando el camino de la nostalgia, en mi recuerdo la tarde se tiñe de violeta. Pronto en la quietud del anochecer, se escucharán murmullos de voces, risas, un agudo silbido callejero y en la penumbra del lugar, grandes y chicos contando sus aventuras, inventando juegos, donde nunca faltaba una dosis de buen humor. A veces desde el disco, flotando en espiral, la voz de Carlos Gardel. En ocasiones, cuando un trozo de hielo, se rescataba de la pequeña heladera, una de las chicas de comedida no más, preparaba una jarra de sangría. Seguramente hoy, nos parecería un asco, pero que entonces bebíamos con verdadero deleite.

Volvamos a la realidad del momento. ¿Qué escucho? Sensación térmica cuarenta grados, con aumento de la temperatura. Para mañana, fuertes precipitaciones con vientos huracanados del este. Se aconseja no sacar las bolsas de la basura?
¿Qué pasa, estamos todos locos?

¡Ah no! Yo, agarro la silla y me voy a la vereda.

Judith Gómez Bas
cristinaosimani@yahoo.com.ar

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