Desde Sarandí hasta el fútbol mundial

En las décadas del ’50 éramos dos jóvenes veintenarios. Este cronista como empleado de una institución local y él como hijo de uno de los dueños del principal corralón y ferretería de Sarandí. Jugábamos agitados partidos a la pelota con paleta y ambos no sabíamos todavía cuál iba a ser el rumbo de nuestras vidas. Los años se encargaron en darnos la respuesta, porque Julio Humberto Grondona, mi ocasional contrincante frente la frontón, llegó a la vicepresidencia de la FIFA, pasando por la presidencia de la AFA.

 

Desde el comercio familiar, la empresa fue solidaria con el crecimiento del barrio, la construcción o refacción de sus viviendas con préstamos personales de buena fe que los vecinos respondieron solidariamente.

 

Grondona fue siempre un apasionado del fútbol, pasión familiar, porque su padre y él mismo fueron los pilares principales del naciente club Arsenal a metros de su empresa, club que nació con modestia y espíritu barrial y que ocupa ahora un lugar privilegiado en la grilla del fútbol profesional. Con esa misma actitud don Julio se puso al frente de Independiente desde 1976. Asumió la dirección de AFA después del Mundial en Argentina de 1978, y aplicó un modelo de gestión personalista creando a su alrededor un poder sostenido en el tiempo hasta el final de sus días. Ese apoyo nacional y su crecimiento como dirigente fortaleció su influencia en la FIFA hasta llegar a la vicepresidencia.

 

El hombre de Sarandí vivió éxitos tales como la aparición mágica de Maradona, con quien tuvo una relación pendular, luego de tratarlo como “un hijo” en diferentes etapas de su ciclo. Diego le dio el primer título mundial juvenil en Japón 1979, repitiendo el éxito con el seleccionado mayor en México 1986, donde se obtuvo el segundo y último título mundial. El combinado albiceleste fue además finalista en Italia 1990 y recientemente en Brasil 2014.

 

También durante ese período se logró el oro olímpico, una de las grandes asignaturas pendientes que tenía el fútbol argentino y se triunfaron en cinco campeonatos mundiales Sub20. Entre los éxitos extrafutboleros la huella de Grondona sigue en el campo de las selecciones nacionales ubicado en Ezeiza, un modelo de proyección internacional que sacó a los equipos argentinos del ignoto predio que estaba en José C. Paz. Los clubes grandes perdieron el monopolio de los títulos que tenían desde el surgimiento del profesionalismo. Algunos conocieron el descenso durante su gestión.

 

Varios equipos chicos, en cambio, alcanzaron la gloria: Argentinos Juniors, Ferro Carril Oeste, Lanús, Banfield y Arsenal fueron campeones por primera vez durante el período de Don Julio, especialmente en los torneos cortos, un formato impuesto por su presidente.

 

Como Troilo, siempre volvía al barrio, Avellaneda, Arsenal y su Rojito, fiel a una pertenencia que nadie puede negar, a pesar de los galardones, los éxitos y las controversias que su gestión recogió. Pero lo hecho dejó fuertes señales que aún relucen, aunque tenga contraluces y errores.

 

ajgpaloma@gmail.com