La “Negra Roldán” de Sarandí

Es profesora municipal de danzas clásicas españolas. Su formación incluye teatro, mimo, danzas clásicas y contemporáneas, flamenco. Pero el dos por cuatro ganaría su cuerpo, porque desde hace 20 años dicta clases de tango en academias de Argentina y en distintos países del mundo. Ha participado en espectáculos y exhibiciones en Uruguay, Chile, Inglaterra, Holanda, Italia, Suiza, Suecia, Eslovenia, España, Japón, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Francia y Austria. Es jurado del Campeonato Metropolitano de Baile de la Ciudad porteña y del Festival y Mundial de Tango que organiza la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

“Mi viejo era camionero, se llamaba Cristóbal, y con los años supe que bailaba el tango muy bien. Bailaba con mamá en las fiestas familiares. Tengo una imagen de ellos grabada en la memoria: la mano de él apoyada sobre la espalda de mi madre, Nina, vestida de seda, y yo contemplándolos en el patio de casa. Yo soy de Sarandí…”, aclara Elina Roldán. “En mi época no salías del barrio, sin embargo sabía que me faltaba algo más. Tomaba clases de español con una profesora del barrio, mamá me llevó cuando los 7 años le comuniqué que quería bailar”. “…Después crucé el primer charco: el Riachuelo. De Avellaneda, donde tenía mi hábitat, mi trabajo, mis amigos, a la Capital Federal”.

La “Negra” prefiere una buena milonga con los acordes de D’Arienzo, girar en los brazos del “Flaco Dany” y, si pudiera, le diría a su padre: “¿Por qué dejaste de bailar?¡Si era lo que más te gustaba en el mundo!”. Y recuerda a su madre y su casita de madera en nuestra ciudad: “La casa donde nací se incendió hace unos años, era de madera. Los vestidos de baile español de cuando era chica se perdieron en el fuego, mamá los guardaba en un ropero gigante, con un gran espejo. Alrededor de esa casita había habitaciones de material que fue levantando mamá. La había atropellado una camioneta y en un juicio le habían dado una plata, y ¿qué hizo?: la casa de material. Era una mujer increíble, lúcida como pocas”.

Una joya bailarina del mejor tango y los mejores pasos del dos por cuatro. Una morocha cien por ciento argentina y suburbana, como el mismo tango.

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