La presencia del poeta Pablo Neruda, a 40 años de su fallecimiento, tiene canales misteriosos y a veces desconocidos. Es la influencia que su poesía y actitud social puso matices diferenciados en la creación poética al compás de tiempos convulsivos, transformadores y abiertos. Nadie fue indiferente, en aquellos tiempos del 40 en adelante, a su latitud creativa, a su emocionada presencia en el canto amoroso, a su agitada exaltación de la lucha transformadora de la sociedad.
En ese contexto, en nuestra aldea sus cantos resonaron en los jóvenes creadores de la literatura y también en quienes estuvieron al margen de esa disciplina.
Conviene, a esta altura, señalar que fue en un famoso taller de imprenta de nuestra calle Ameghino, los talleres de Bartolomé Chiessino, donde se imprimieron las clásicas ediciones de la editorial Losada, entre ellas los libros de Neruda: Residencia en la tierra en 1947, Nuevas odas elementales en 1957, Tercer libro de las Odas Elementales (1957), Extravagario (1958), Navegaciones y regresos (1959), entre otras.
Chiessino, con su clásica bonhomía, había hecho una tradición el ensamble de la actividad gráfica con los autores de la época. A tal punto era esa hermandad que se asentaba en su pasión por los libros, ya no como materia gráfica, sino como mensaje humano, intelectual y social. Bartolo reunía, entonces, a aquellos autores (Borges, Mallea, García Lorca, Alberti, Dos Passos, Jiménez, son algunos de ellos) y encontró la sorpresa de que Pablo Neruda concurriera a su taller. llegó acompañado por Rafael Alberti, Nicolás Guillén y Alejandro Casona, a raíz de algunos escritos que se le imprimieron para la campaña de la República Española señalan en el libro recordatorio del cincuentenario de esa empresa gráfica.
Antonio Requeni, el distinguido poeta de nuestra ciudad, es uno de los apasionados con el poeta chileno y su trascendencia. En su labor periodística, tuvo la oportunidad de entrevistarlo en Chile, material que luego incluyó en su libro Reportajes americanos. Pero, además, Requeni tiene en su libro Inventario (1974) un conmovedor reflejo sobre la muerte del poeta, que vale la pena recordar: Padre y maestro unánime, torrencial y terrestre, / que te has ido en el alba escoltado de furias / -igual que un verso tuyo- al país más secreto./ Los volcanes, las olas, el crepitar suavísimo / de la lluvia, la inmortal ceremonia del amor en la tierra. Todo entorna los párpados./ Todo cesa un instante, se interrumpe, vacila, / mientras se llena el aire de jazmines salobres /y agoniza un laúd entre el rocío.
¿Cómo puedes vivir bajo la tierra? -se pregunta Requeni- Padre inventor del vino y la cebolla. / Tañedor de la piedra y el relámpago./ Pontífice. epicúreo del amor.
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