Walter Polito, guardián de la historia náutica y embajador de la paz

Un joven navegante avellanedense.

Nuestra historia está repleta de tradiciones. Pero si no preservamos como corresponde ese bagaje cultural, las mismas se van diluyendo en el tiempo. Sobre todo ahora cuando nos hemos acostumbrado a que google es el oráculo del siglo XXI, que todo lo sabe y todo lo encuentra, nos olvidamos de “investigar”. Y como una gran paradoja, en el auge de las redes “sociales”, no tenemos contacto con el otro más que a través de una pantalla.

En este contexto hostil, pero con la firme idea de recuperar la tradición náutica como un patrimonio cultural permanente, Walter Polito ha encontrado una misión por la que trabaja apasionada y silenciosamente. Es que sin querer, se ha convertido en un guardián de la historia.

“En el año 2000 fundamos la Asociación Amigos de la Tradición Náutica Argentina (ATNA). Nuestra inquietud, de quienes navegamos, era ver cómo hacíamos para no perder la historia de la navegación en la Argentina”, expresó Polito, secretario de la joven y pujante institución.

La labor de ATNA abarca múltiples consignas: estimular el vínculo con el mar por medio de la navegación deportiva, restaurar embarcaciones, detectar elementos de valor histórico y colaborar con distintos museos para su recuperación y exhibición, editar libros que difundan la historia náutica argentina, entre otras.

“Nos interesamos por los barcos emblemáticos, las personas y personajes, como por ejemplo la figura de Vito Dumas, un histórico navegante solitario que fue tildado en su época de ser mufa. Entonces quisimos salvar su nombre y darle el lugar que se merecía. Por eso, desde la asociación logramos que se declare el 26 de septiembre, natalicio de Dumas, día de la Tradición Náutica argentina”, contó con orgullo Polito, que a los 20 años, sobre una tabla de windsurf, empezó a descubrir su pasión por la navegación.

“Sigo haciendo windsurf, porque todavía el cuerpo me da”, advirtió sonriente, al tiempo que comentó cómo se sumergió en este ámbito para él, hasta entonces, totalmente desconocido.

“La curiosidad me llevó en el 98 a armar un programa de náutica para televisión y a interesarme en los barcos clásicos, porque los barcos que hoy vemos de plástico, tienen su origen en los viejos barcos de madera”.

“Me interesó mucho la historia y el tema de cuidar el patrimonio. Porque los argentinos tenemos un vicio que es que todo lo viejo no sirve y se tira. No somos capaces de conservar un edificio de época…”, reflexionó.

“Al hacer un relevamiento, me entero que los europeos venían a comprarse los barcos acá por $ 2,50, se los llevaban a Europa, los restauraban y después valían fortunas. Pero lo que no se tiene en cuenta es que al llevarse barcos argentinos, se llevaron parte de nuestro patrimonio. Porque hay muchos barcos con una gran historia”, destacó el navegante.

Polito apuntó que hay infinidad de barcos de industria nacional, creados en tableros argentinos, por diseñadores navales argentinos. “Uno de ellos muy conocido, Germán Frers, de quien tuvimos el gran honor y el gusto de editar un libro (“Viajes, diseños y regatas”), con sus manuscritos. Y hay otros diseñadores navales como Manuel Campos, del que también queremos editar algo, porque lo lindo es que esto llegue a la gente”.

Embajador del fin del mundo
Polito señaló que hay entidades amigas que, aunque con funciones y enfoques diferentes, trabajan en forma solidaria. “Está la Comisión de Buques Museos, que se encarga del cuidado del patrimonio náutico en exposición como es el caso de la Fragata Sarmiento o la Corbeta Uruguay. Amigos de la Fragata Libertad, que es una asociación que consigue donaciones y trabaja en pos de que la fragata, más allá de los aportes estatales, tenga un sponsor privado. Y está la gente de la página Histarmar (http://www.histarmar.com.ar), que investiga sobre historia y arqueología marítima”, citó el entrevistado.
Walter también resaltó el incondicio
nal apoyo que reciben de la Armada Argentina. “Trabajamos conjuntamente con la Armada y hemos creado con ellos, un certificado. Así como los chilenos los hacen con el Cabo de Hornos, (a todo aquel civil, militar o embarcación deportiva que lo atraviesa, les entregan un diploma y un pantalón naranja característico, nosotros hacemos lo propio en la Isla de los Estados, donde se encuentra el Faro del Fin del Mundo”.

“Nuestro certificado homologado por la Armada Argentina, se le entrega a cualquier embarcación que navegue en las proximidades de la Isla de los Estados, como una forma de sentar soberanía sobre una zona que es bastante conflictiva”, agregó Walter, dando muestras de su sentimiento por lo nacional.

“Por suerte la Armada nos apoya en estos proyectos”, prosiguió. “Yo viajé con ellos en uno de sus barcos emblemáticos -que queremos tener cuando deje el servicio para ponerlo de museo en Puerto Madero, que es El Sobral (aviso ARA (A-9) “Alférez Sobral”-, un barco que estuvo en Malvinas. Para mí haber navegado en ese barco tiene un sentimiento muy especial. Y pude ver el trabajo que hace esa gente (de la Armada), en los lugares más recónditos, metiéndose con el agua helada hasta la cintura, para cargar barriles de combustible, llevando pertrechos a distintas bases o destacamentos a lo largo del Canal del Beagle”, enfatizó.

Con gran humildad, Polito recalcó que el éxito en los objetivos que se plantean es fruto del trabajo en equipo. Sin dudas, la comisión de notables aventureros ha potenciado su interés por la navegación. “En nuestra comisión tenemos a los primeros argentinos que fueron al polo sur. Uno de ellos es Pedro Margalot, padre de la leona Mercedes Margalot. Hernán Álvarez Forn, nuestro presidente honorario, fue el primer hombre que se fue con su velero a la Antártida. Y también está Alfredo Barragán, hoy Secretario de Turismo de Dolores, fue quien armó la expedición y uno de los que construyó la balsa Atlantis, una famosa embarcación de troncos que en los 80 cruzó el Atlántico”.

Tamañas proezas motivan a que la tarea diaria sea, aunque difícil, realizable. “Cuando presentamos un libro, restauramos un barco, o conseguimos un objeto determinado, parece una tarea fácil. Pero se trata de un proceso largo, arduo, tedioso en algunos puntos. Y te quita tiempo. Lo hago con gusto, pero se necesita gente que te acompañe”, afirmó Walter, que cuenta con el respaldo en casa de su esposa Susana -hija de un reconocido comerciante de Avellaneda- y de sus hijas Antonella y Daiana.

Todo ese trabajo, dedicado, comprometido y silencioso tuvo su recompensa. “A raíz de todo ese trabajo –por el tema de la recuperación del patrimonio histórico- nos contactó la gente de Mil Milenios (http://www.milmilenios.org.ar/), una entidad argentina que trabaja por la paz mundial, y que depende de la Unesco, y nos nombraron embajada de paz, el mismo día que otorgaron dicha mención a Juan Alberto Badía”, subrayó Walter.

“Los embajadores representantes somos Carlos Biscioni (Presidente de ATNA) y yo. Fue algo que me llegó sin proponérmelo y que me cayó por sorpresa. Porque no hago las cosas pensando en lo que me van a dar después. Me hace sentir bien. Si bien es un nombramiento protocolar, es una gran responsabilidad y un orgullo personal”, reconoció.

A los 46 años, Walter Polito disfruta de un merecido reconocimiento a su trabajo y redobla los esfuerzos para que nuevos proyectos lleguen mansos a buen puerto. Parte del patrimonio histórico argentino le agradece su honorable custodia a este guardián de la historia náutica y embajador de la paz.

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