Reflexiones de Monseñor Rubén Frassia

El Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, en sus reflexiones radiales semanales, se refirió al Evangelio San Mateo 15, 21-28 (ciclo A): “Humildad y confianza”

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!». Entonces Jesús le dijo: Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

Humildad y confianza
La palabra de Dios, la palabra de Jesús, cuando la leemos, la escuchamos y la dejamos entrar en nuestro corazón, nos crea a veces una cierta incertidumbre, una cierta conmoción. En este caso vemos a Jesús que pasa por un pueblo pagano y encuentra una cananea -los cananeos, eran un pueblo que no tenían nada que ver con los judíos de aquel entonces, eran extranjeros y los judíos, por su raza, por su religión creyentes en Dios, en Yahvé, eran el pueblo elegido y los otros -los no elegidos- eran los extranjeros y los paganos-; entre estos pueblos había una cierta confrontación. La mujer escucha aquellas palabras que suenan duras; sin embargo ella, en lugar de responder con agresividad, con resentimiento o con orgullo, responde con humildad. “sí, tienes razón pero ‘también los cachorros comen las migas de las mesas de sus señores’ Responde con humildad.

En la vida, nos encontramos con muchas respuestas similares. Los de “adentro” a veces nos apropiamos y casi pretendemos, tontamente, tener el monopolio de Dios; sin embargo, a veces, los que están materialmente “afuera” son más respetuosos, más atentos a las cosas sagradas de Dios.

Esto no significa que hay que estar “afuera” para poder entender lo de “adentro”; lo que sí es importante, estando donde uno esté, tener esa capacidad de humildad, de confianza, donde uno le suplica, le pide y espera de Dios todo lo que Dios nos quiera dar. Por eso la Iglesia, Pueblo de Dios, es católica. Católico quiere decir universal. La salvación de Dios viene a todos, por todos y para todos. No importa la raza, ni la condición social, ni el lugar, ni la procedencia, ni las religiones desde donde vendrían, porque el mensaje de Cristo es católico, es decir universal.

Pidamos al Señor tener confianza, humildad, pobreza, para poder secundar lo que le pedimos a Él y recibir lo que Dios nos da. ¡Eso es importante! Además, saber que el discípulo, el que quiere seguir a Cristo, tiene que salir y buscar a los que están cerca, a los que están lejos, a los periféricos, a los marginados, a los pobres, a los sufrientes…es decir a todos. La Iglesia tiene que estar donde está el hombre y nosotros tenemos que estar, como Iglesia, donde están los hombres.

Pidamos al Señor que nuestra relación con Él, nos ayude a tomar conciencia de nuestra misión aquí, ahora y en cada lugar donde estemos, nos movamos, nos desarrollemos y nos vinculamos.

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