Reflexiones de Monseñor Rubén Frassia

El Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, en sus reflexiones radiales semanales, se refirió al Evangelio según San San Marcos 7,31-37 (ciclo B): Fe y Vida.

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Abrete”. Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Fe y vida
La presencia de Jesús, el Mesías, el Señor, es una presencia sanadora, reparadora, transformadora; por supuesto que es el Salvador por excelencia, donde es capaz de haber conquistado con su entrega, con su muerte en la cruz y con su resurrección, dos cosas que son la herencia más grande que hemos recibido: el perdón de los pecados y la vida eterna. Ya lo eterno ha entrado en el corazón de los hombres, ya los hombres podemos participar anticipadamente del cielo en la amistad de Jesús y en el cumplimiento del Evangelio en el amor y en el servicio a la Iglesia, por medio de nuestros hermanos.

Una de las cosas más claras para deshacer nudos, para resolver problemas, para cambiar situaciones dolorosas, para curar enfermedades, es la escucha atenta de la Palabra de Dios. Hoy, por lo general, oímos cosas tan rápidas que son superficiales y así provocan una respuesta superficial. En cambio, el escuchar -y no sólo oír- es asimilar lo que se nos está diciendo y está provocando en nosotros, con ese encuentro, una respuesta atenta y responsable.

En el texto vemos que Jesús primero cura la sordera y el mudo, al escuchar, puede hablar. Significa que en la medida que seamos capaces de escuchar vamos a saber hablar; pero si no escuchamos o estamos distraídos, nuestras respuestas van a ser tenues, debilitadas, flojas, sin sentido, sin sustancialidad, sin contenido.

Queridos hermanos, acerquémonos con fe a la Palabra de Dios; escuchémosla atentamente y luego comuniquémosla a los demás. En Ritual de la Ordenación, la Iglesia por medio del Obispo, a los diáconos y a los presbíteros les hace una recomendación que nos viene bien a todos: cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñas. Fe y Vida. Una vida sostenida por la fe y una fe tiene la expresión máxima en la vida.

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