Proyectos urbanos: “es lo que había”

Escribe: Antonio J. González

Ideas novedosas y renovadoras no faltaron en el curso de los últimos 50 años de vida de nuestra ciudad. Algunas de ellas se pudieron concretar. Otras quedaron sólo en las carpetas de las buenas o malas ideas. Pero lo cierto es que conviene repasar cuáles fueron esos proyectos o intenciones para sacar las conclusiones necesarias, porque muchas de ellas implicaban un cambio sustancial en nuestra realidad urbana.

Uno de esos megaproyectos fue la ampliación de la red de subterráneos hacia nuestra ciudad. En abril de 1946 el diario La Opinión decía: “Según todas las apariencias, en un futuro relativamente cercano, la ciudad de Avellaneda, este grande y poderoso emporio de trabajo y de progreso, se verá unido a la metrópoli por un servicio subterráneo tranviario, exhumándose así el viejo proyecto del otrora Anglo Argentino, actualizado más tarde cuando la Chadopyf construyó su primera línea Constitución-Retiro, y que ahora se llevaría a la práctica, precisamente con la prolongación de esta línea hasta Crucesita”.

Ese era el anuncio-vaticinio periodístico, pero según informa, estaba basado en sólidos argumentos. Señala, por ejemplo: “…anticipándose que para 1955 la ciudad de Buenos Aires y su gran periferia, contarán con la más vasta e importante red de subterráneos existente en ciudad alguna del mundo”. Claro que pasó aquel año sin noticia sobre este proyecto, porque la historia política y social del país tomó rumbos diferentes y dejó archivado toda idea –por muy buena que resultara- originada en aquellos tiempos.

Pero varias décadas antes de aquel episodio, el Dr. Ismael Moreno planteaba en el seno del naciente Congreso de Sociedades, la idea de un “centro cívico” con eje diferente al que existía entonces sobre la Av. Mitre y la Plaza Alsina. “Pocas ciudades del Gran Buenos Aires ofrecen la oportunidad de utilizar a ese fin, una mayor y más céntrica superficie desocupada, en estado de abandono y todavía en su mayor extensión de pertenencia nacional y provincial, en el lugar más estratégico posible para las comunicaciones y rodeada de población densa, que reclama espacios verdes, mejores comunicaciones, facilidad de traslación y proximidad para sus menesteres sociales. Este lugar es el que se denomina «Kilómetro Cinco» del Ferrocarril Roca, donde mantiene con irregularidad su estación terminal el Ferrocarril Provincial, donde se tejen y destejen paralelas de acero de toda clase, sin un plan definitivo y sin ventajas para un tránsito ferroviario de antiguas empresas que ya debiera estar definitivamente radiado de un espacio céntrico y adosado a una reorganización total de ferrocarriles nacionales… Actualmente toda ciudad necesita ajustar sus actividades a reglamentaciones legales, entenderse con las oficinas administrativas o municipales, desempeñar actividades comerciales y bancarias, tener dónde procurar educación para sus hijos, dónde encontrar expansión recreativa o proveerse de lo necesario para sus menesteres y encontrar amplias avenidas para su desfile multitudinario”. Y Moreno imaginaba entonces “la creación de nuevas estaciones ferroviarias y más adelante con las demás obras que se proyectan para convertir una vía férrea de enlace entre Flores (Capital) y Dock Sud en una avenida monumental; prolongar el tranvía subterráneo de Constitución (Capital) hasta el centro cívico y ensanchar todas las calles principales de acceso facilitando la intercomunicación inmediata con las dos grandes avenidas Mitre y Pavón”.

¿Fueron sólo fuegos de artificio sobre una sociedad en crisis y crecimiento, o ideas luminosas que alguien decidió archivar sin más trámite? No se sabe. Lo verdaderamente cierto, “es lo que había”. Ideas, proyectos, cambios…

ajgpaloma@hotmail.com

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