Mons. Frassia a los jóvenes: “Hay que correr el riesgo, vale la pena, ¡vengan y vean!”

El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, presidió la misa de clausura de la Misión Juvenil Diocesana que, con el lema “¡Ven y verás!”, se desarrolló en el barrio La Fe, de Monte Chingolo, del 27 al 29 de diciembre. “¡Prefiero que se arriesguen, que tengan coraje para vivir!”, animó el obispo a los jóvenes.

El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, presidió el 29 de diciembre la misa de clausura de la Misión Juvenil Diocesana, que se desarrolló en el barrio La Fe, de Monte Chingolo, con el lema “¡Ven y verás!”.

 

En Navidad, afirmó el obispo, Cristo llega “a una humanidad bastante vencida, gastada y destruida” para decirnos “¡todavía se puede vivir la fuerza del amor!, ¡se puede vivir como buenas personas!, ¡se puede vivir como buenos vecinos!, ¡se puede vivir como buenos cristianos, como buenos creyentes!, ¡se puede vivir de tantas formas extraordinarias!”.

 

“¡Dios no quiere que seamos cobardes! ¡Dios quiere que vivamos felices!, ¡que tengamos paz en el corazón!, ¡que nos podamos amar y mirar de frente, respetándonos incluso en nuestras diferencias!”, enfatizó monseñor Frassia, y advirtió que “en la vida no todo es éxito; no siempre todas las cosas salen bien; incluso, a veces, uno aprende más en el fracaso que en el éxito; porque da lugar a ser más humilde, menos soberbio, más comprensivo con los demás, menos altanero con los otros”.

 

“¿Qué significa para nosotros ser discípulo, ser cristiano, ser católico? ¿Significa un don, un regalo? ¡Claro que sí!, pero también es una responsabilidad”, aseguró el prelado, y animó a los jóvenes diciendo que “vale la pena creer, jugarse y dar la vida, arriesgarse”.

 

“Prefiero mil veces que arriesgándose se equivoquen y no que por miedo a equivocarse no se arriesguen. ¡Prefiero que se arriesguen, que tengan coraje para vivir! Y todos estamos invitados: en nuestra familia, en nuestro barrio, en nuestra capilla, en nuestra parroquia, en nuestros lugares, porque la fe hay que alimentarla, hay que cuidarla”, sostuvo.

 

“Como hay que alimentar la vida hay que alimentar el espíritu”, alertó el obispo, y recordó que el bautismo “es el inicio de la vida cristiana y la alianza donde Dios nos hace su Pueblo, esa es nuestra identidad y nuestra pertenencia”. A partir de ese momento “pertenecemos al Pueblo Santo de Dios. Y cuando Dios toca, uno no queda igual; Dios nos cambia, nos fortalece, nos transforma”. Por eso, el prelado insistió en que “hay que recordar siempre la fecha del bautismo donde Dios empezó a darnos, de una manera especial, su bendición”.

 

“Sigamos adelante porque tener fe no es un lujo; tener fe es saber que nosotros somos muy importantes; ¡y somos tan importantes que podemos decirle a Dios ‘Padre’!; ¡y somos tan importantes que podemos a prender a vivir a ser hijos!; ¡y somos tan importantes que podemos tratar al otro como hermano!”, exclamó.

 

Finalmente, monseñor Frassia recordó que “la fe tiene que ser vivida en obras, guardando sus mandamientos. Guardar sus mandamientos significa vivir sus mandamientos, vivir el amor de Dios en la vida de uno y que nadie ponga excusas”.

 

“Es mentira cuando uno dice ‘yo amo y no sufro’, porque cuando uno ama, sufre. Sufre porque tiene miedo de los hijos, de lo que les pase, del futuro de ellos; sufre cuando dice ‘¡qué va a pasar con esto, con lo otro, con mi vida!’. Queridos jóvenes, hay que correr el riesgo, vale la pena. Jesús nos dice “¡ven y verás!” ¡vengan y vean!”, concluyó.

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