Mendoza unifica primer y segundo grado y elimina amonestaciones

La Dirección General de Escuelas de Mendoza resolvió considerar a primer y segundo grado como una sola unidad pedagógica y dispuso eliminar las amonestaciones en la educación secundaria, para evitar el abandono escolar.

Las medidas del gobierno mendocino, que buscan evitar la repitencia de estudiantes, generaron críticas por parte de opositores como el radicalismo, que reclama explicaciones formales de la directora del área María Inés Abrile.
Entre otras modificaciones, Escuelas propuso crear un sistema de créditos que otorgará 25 puntos a cada alumno, que se irán descontando de acuerdo a la falta que cometa, pero que al mismo tiempo podrá ir recuperando si repara el daño con tareas comunitarias.

Abrile impulsa también considerar a los dos primeros grados de la escuela básica como una unidad pedagógica, con lo cual ningún niño repetiría el primer curso y al eliminar las amonestaciones en los secundarios se evitaría la expulsión de estudiantes, que generalmente ocurre por mala conducta. Ante ello, el presidente de la UCR mendocina, Alfredo Cornejo, emitió un documento para manifestar su preocupación sobre «medidas que no responden a las causas de los conflictos sino a sus emergentes».
«Nos preguntamos cuáles son los problemas educativos para este gobierno: ¿la repitencia o la falta de aprendizaje?, ¿el exceso de amonestaciones o la indisciplina?, ¿la condición de alumnos libres o la deserción escolar?», señaló en un comunicado que firmó también la ex directora General de Escuelas, Emma Cunietti.
Advirtieron que «si los problemas están en las formas, se puede hacer un ‘Indec educativo’ y habremos logrado un relato de escuela inclusiva con medidas simples: promoción automática, eliminación de las amonestaciones y flexibilización de las inasistencias».
Pero señalaron que «para quienes creemos que es posible una escuela pública de calidad, como la que tuvo la Argentina de otra época, los problemas no son de formas sino de fondo».
El radicalismo señaló que «la exigencia no es un obstáculo para la inclusión, sino a la inversa. Es el esfuerzo el que permite la integración. No es la exigencia lo que aleja a los alumnos de la escuela».
«Una escuela sin exigencia termina siendo excluyente, porque reproduce el círculo de la pobreza, no alienta la movilidad social, no le da a sus estudiantes las herramientas para que sean sus capacidades, y no su origen social, las que puedan regir su destino», añadieron.

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