Los linyeras

Jutidh Gómez Bas en su sección «Aquellas cosas» se refiere a los orígenes de «los linyeras».

“En un tren de carga
pasan los linyeras.
Nadie los saluda,
nadie los espera.”

Desde tiempos remotos, andaban por los pueblos familias trashumantes, recorriendo caminos en maltrechos carromatos. La naturaleza era su aliada y tomaban de ella, lo necesario para vivir.

En Buenos Aires, por la década del veinte, llegaron al país, debido a la secuela de la guerra, europeos con el propósito de trabajar y mandar a su patria ayuda a la familia. Algunos lo lograron. Los otros, con el corazón destrozado, quedaron a la deriva, convertidos en vagabundos. Estos no eran aceptados por la gente, por el contrario, sufrían el rechazo.

Pronto se los empezó a conocer con el nombre de linyeras, rechazados, perseguidos, su único objetivo era la vida libre, sin norte ni guía. Carente de recursos, se alojaban en galpones del ferrocarril donde se almacenaban los cereales y cuando los trenes de carga partían, se subían a los vagones o viajaban en los techos, sintiéndose los dueños del paisaje.

Los linyeras no eran mendigos, ni ladrones, pero cuando en su recorrido pasaban por alguna chacra o estancia, se largaban del tren y merodeaban el lugar a la expectativa de que algún pollo o gallina se llegara al alcance de sus manos para convertirlo en su plato favorito.

Los linyeras fueron los inventores del pollo al barro, que consistía en: hacer un pozo, no muy profundo, introducir en él, el ave muerta y con plumas, tapar y encender una hoguera, sentarse alrededor a tomar mate, casi siempre mate cocido, esperar el tiempo prudencial, sacar el pollo, tirar del pellejo que salía con las plumas, saborearlo, enterrar los desechos,y tapar para que no quedaran rastros de que por ahí estuvieron los linyeras.

También estaban los crotos que salían para el tiempo de la cosecha. Eran casi siempre del interior del país y volvían a sus pagos después de varios meses de labor y fatiga. Gente pacífica y ahorrativa que constituían los verdaderos braceros. Ellos, como los linyeras, viajaban en trenes de carga pero no en forma clandestina. Un decreto del entonces Gobernador de Buenos Aires, Don José Camilo Crotto, estanciero y millonario, dispuso que: los trabajadores golondrina que se dirigían a la cosecha podían viajar gratuitamente a razón de dos personas por vagón de carga. De esta manera, la mano de obra estaba asegurada.

El término croto tuvo una feliz repercusión, pronto linyera, atorrante, bichicome, fueron reemplazados por esta palabra. Hoy cualquier tipo mal entrazado o que no tenga un peso en el bolsillo es un croto.

“Para hacer su primer vuelo
parte un croto vagabundo
con alma de trotamundo
y en el cuore desconsuelo.”

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