Liniers se prepara para recibir a miles de devotos de San Cayetano

Los alrededores del templo de San Cayetano cambian su fisonomía de la mano de los fieles que acampan sobre las veredas, la tradicional feria de artículos religiosos y el vallado ya instalado para ordenar mañana el peregrinaje de miles de devotos.

“Yo estoy desde el jueves, compartiendo con un grupo de gente que conocí acá hace muchos años: ahora somos amigos y nos encontramos cada 7 de agosto” en el santuario del patrono del pan y del trabajo, contó Patricia Gómez, con el rostro enrojecido por el sol de varias jornadas a la intemperie.

De muy buen humor a pesar de las noches que acumula sin dormir, Patricia pasa las horas charlando, tejiendo y tomando mate sentada en un viejo asiento de madera que trajo de su casa de Tortuguitas y al que llama “mi compañero”.

“Es un silloncito viejo que compré hace 18 años, cuando vine la primera vez. Mi marido ya me lo pintó varias veces, está feo pero no quiero otro”, dijo a Télam la mujer, que cumple con el rito desde 1995 y asegura que sólo el primer año fue a pedirle al santo y el resto de las veces “sólo a agradecer”.

En el año 1995 “mi marido estaba sin trabajo. Yo vi lo de San Cayetano por televisión y le dije `¿querés que vayamos?´. Vinimos y nunca más nos faltó” el empleo, relató.

En el mismo grupo está Elsa Villalba, de Morón, para quien en los últimos años la celebración es menos multitudinaria y lo atribuye a que “ahora hay trabajo”.

Cayetana Fernández, que cumple 73 años mañana y debe su nombre a la devoción que su abuela tenía por el santo, viaja desde San Miguel y participa de la vigilia sólo las horas que le deja libre su trabajo como empleada doméstica.

“Vine a dar las gracias porque mi hijo estuvo tres años pagando el coche y salió sorteado. Es muy laburante y por eso San Cayetano lo ayudó. También a pedir por mi nietito que está enfermo”, dijo.

A Cayetana se la ve feliz, aunque se queja de la dueña de casa junto a cuya puerta se instalaron ella y su grupo. “Le molesta que estemos acá, quiere que nos vayamos, pero no le vamos a hacer caso”, aseguró mientras seguía la vigilia en Bynnon al 6800.

En las veredas hay pocas carpas y la mayoría de los fieles dice pasar las noches sobre reposeras y bancos de madera, al calor de improvisados braseros hechos con latas de dulce o viejas ruedas.

“Nosotros tenemos esta esquina comprada desde hace 20 años”, aseguró Rubén señalado un cartel pegado con cinta adhesiva en una pared, casi en la esquina de Bynnon y Bueras.

Allí hay una lista de apellidos que corresponden a diez familias de Avellaneda, Dock Sud, Ezeiza, Monte Grande y Capital Federal que hace dos décadas acampan allí cada año.

“Sabemos que hay una sorpresa y estamos re emocionados con eso”, dijo Ramona Montenegro, en alusión al mensaje del papa Francisco que se escuchará esta medianoche.

Para Lucía Zapata, de Dock Sud, no hay nada como la sensación que se experimenta a esa hora, cuando se abren las puertas del templo y se puede ingresar después de tantas horas de vigilia.

“Se siente una emoción muy grande. Después de entrar y tocar a la virgencita, me voy tranquila a casa”, aseveró.

“La gente tiene sus rituales, nos produce una gran alegría que vivan la fe con esta intensidad y eso nos compromete a acompañar al pueblo”, dijo el párroco de San Cayetano, Jorge Torres Carbonell.

Al salir de la parroquia y bajar por la calle Cuzco uno se topa con una abigarrada feria de productos religiosos, que esta mañana aún convocaba a pocos pero prometía volverse multidinaria.

“Lo más barato que tenemos es una medallita o un almanaque de 4 pesos, y lo más caro pueden ser las imágenes de yeso, de 30 centímetros de alto”, detalló el puestero Raúl Rodríguez.

Durante la mañana y hasta las 14 el santuario fue sede temporal de una campaña de dadores de sangre y de inscripción de donantes de médula ósea, realizada por el Registro Nacional de Células Progenitoras Hematopoyéticas del INCUCAI y la Red de Medicina Transfusional del gobierno porteño.

“La donación tiene que estar inmersa en la vida cotidiana de quienes pueden hacerlo porque son personas sanas y por eso trabajan, pasean, se divierten o expresan su fe. Y en todos esos medios nosotros buscamos estar para simplificar la donación”, explicó Liliana Beker, promotora de la campaña de la red de medicina porteña.

El año pasado unas 50 personas, entre peregrinos y vecinos de la zona, donaron sangre en este lugar en la víspera de la festividad más importante de la parroquia de San Cayetano.

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