La Comisión Diocesana de la Liga de Madres de Familia celebró su 46º aniversario

Monseñor Rubén Frassia ofreció una disertación.

El pasado 15 de septiembre la Comisión Diocesana de la Liga de Madres de Familia conmemoró su 46° aniversario en la diócesis, contando con la presencia del Obispo Monseñor Rubén O. Frassia, el Asesor Diocesano Pbro. Juan Ramón Celeiro, dirigentes de las Secciones Parroquiales, socias y madres de los niños que concurren al Servicio Social de Recreación Infantil «Estrellita de Belén».

En esa oportunidad el señor Obispo Diocesano ofreció una disertación donde resaltó los valores de la familia. En su exposición expresó que el lema de todo cristiano debe ser «familia, trabajo y descanso»… cada uno tiene que buscar encuentros para que la familia tenga valores, evitar el exceso en el consumo, saber administrar el tiempo en las obligaciones y los hijos, tener momentos de encuentro buscando la felicidad.

Apostar a las cosas profundas para conservar la familia; ocuparse de los mayores y poner también límites a los adolescentes, tener el sentido del amor y la vocación de la conversión a los verdaderos valores, capacidad para vivirlos y transmitirlos. Es la misión de toda familia interesarse por las cosas que unen. La familia que tiene principios da testimonio, sinó, pasarán generaciones sin trabajar por la familia. Continúa diciendo que el Santo Padre anunció que la cita sucesiva de las familias católicas de todo el mundo tendrá lugar en el 2012 en la ciudad de Milán, donde se realizará el VII Encuentro Mundial de las Familias y asistirán también obispos de todo el mundo.

Asimismo comentó que el papel importante que desempeña la industria y su crecimiento, nos obliga a prepararnos para estos cambios; debemos ser creativos ante las diversas situaciones que la vida moderna nos propone y encontrar motivos para hacer el bien, ser puentes de comunicación, tener voluntad para entender este proceso, tener capacidad para saber entender a los seres humanos que generan problemas. Para finalizar, aconseja agradecer todo lo que hemos recibido de Dios y de nuestros padres, hacernos notar con nuestra conducta y nuestras obras como miembros de la Iglesia.

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