El presidente de Chile llega al primer año de gestión con su popularidad en baja

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, llega al primer año de gestión con su popularidad en baja como consecuencia del desgaste que significó haber asumido pocos días del segundo terremoto más fuerte de la historia del país, lo que lo obligó a cambiar todas las prioridades iniciales de su administración.

Piñera cumplirá el aniversario en el cargo el viernes próximo con la paradoja de que la caída de su popularidad y de su credibilidad reflejada por las encuestas tiene lugar en el contexto de un sostenido crecimiento de los principales indicadores económicos.

El mandatario llegó al Palacio de la Moneda el 11 de marzo de 2010, doce días después de que el país sufriera un sismo que está considerado como el segundo más fuerte de su historia y uno de los cinco más graves entre los que se tienen registro en la historia de la humanidad.

El movimiento sísmico, que incluyó un terremoto y un tsunami, destruyó gran parte de Concepción -la segunda ciudad del país-, Constitución, Cobquecura y el puerto de Talcahuano; provocó daños importantes en otras ciudades, entre ellas Santiago y Rancagua, y causó la muerte de 525 personas y daños a unos dos millones de habitantes.

La emergencia que demandó atender miles de víctimas que perdieron sus casas y el acceso a todos los servicios esenciales obligó al nuevo gobierno a cambiar sus planes de trabajo y a replantear sus cuatro años de gestión para orientarla a la reconstrucción que excederá su mandato y que demandará millonarios recursos.

En ese contexto, el cientista político José Jara -investigador del Instituto Igualdad y exdirector de Flacso- considera que «el gobierno se encontró con que no estaba preparado para asumir esta tarea» porque «sus cuadros técnicos tenían otra planificación y ante eso el gobierno tuvo muchas dificultades».

«Este equipo de ministros e intendentes con muchos hombres y mujeres que venían de las altas gerencias de empresas privadas se encontró con que la emergencia requería un involucramiento para el cual no tenía experiencia y le costó mucho, todo el año, acomodarse al trabajo del sector público y a las nuevas prioridades de la gestión».

A juicio de Jara, el gobierno de Piñera enfrentó «con mucha dificultad su instalación y pretendió imponer una agenda con poco talento político que se reflejó en varios episodios que recorrieron este año y que reflejan que el presidente no entendía mucho de la ética de la gestión pública».

Desde el mismo 11 de marzo Piñera enfrentó las críticas -incluso de varios de sus allegados- por lo que se consideró un conflicto de intereses entre el hecho de mantener la propiedad de varias de sus empresas y el cargo de presidente.

Esas críticas, según Jara, «empezaron a opacar esa luna de miel que tienen todos los primeros años de gobierno con la ciudadanía».

Tras la venta de sus activos en la aerolínea Lan Chile, el canal de televisión Chilevisión y el club de fútbol Colo Colo, Piñera puso a prueba su capacidad de enfrentar situaciones de crisis.

En ese aspecto debió afrontar el conflicto con la comunidad mapuche, el rescate de los 33 mineros de Copiapó, la crisis en la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) que terminó con la salida del seleccionado del entrenador argentino Marcelo Bielsa, y el manejo de la protesta por el aumento de las tarifas del gas en Magallanes.

Estos episodios, que marcaron alzas y bajas de su popularidad, son para los analistas las razones de que hoy el gobierno de Piñera tenga en la población una tasa de rechazo mayor que de aprobación, de acuerdo con una encuesta de la consultora Adimark que ubica esas estimaciones en 49 y 42 por ciento, respectivamente.

Para Marco Moreno, cientista político de la Universidad de Chile, ese espacio que abre un gobierno con dificultades no puede ser ocupado en la opinión pública por una oposición representada mayormente por la Concertación que «no logra, a un año de su derrota, encontrar un sentido y objetivos, lo que la coloca en un período de gran tensión interna».

«La Concertación todavía no hizo un proceso suficiente de autocrítica respecto a por qué perdió la elección, lo que tiene que ver con un agotamiento y falta de proyecto», consideró Moreno en diálogo con Télam, a pesar de que Piñera «siguió gobernando con muchas ideas de la Concertación y muchos plantean que éste es un gobierno de continuidad más que de centroderecha».

Tras la derrota en la segunda vuelta, en la que el candidato oficialista Eduardo Frei perdió por poco más de dos puntos, la Concertación enfrenta el dilema de su futuro con opciones tan amplias como el fin de la coalición, su continuidad con sus actuales cuatro partidos miembros, hasta su apertura a otros espacios progresistas como el que representa el excandidato presidencial independiente Marco Enríquez Ominami.

Desde el punto de vista de la imagen presidencial, Robert Funk, investigador del Instituto de Asuntos Públicos, opinó que Piñera «trata constantemente de presentarse como una especie de padre cercano a la gente y no le resulta; no es su fortaleza ni lo que la gente aprecia de él, por lo que se expone a una crítica que debería tener asumida».

El especialista sostuvo ante Télam que el mandatario «nunca va a lograr la popularidad de (su antecesora, Michelle) Bachelet porque es otro tipo de liderazgo y, además, prometió otro tipo de gestión que los chilenos aprecian pero con el que no va a lograr el amor de la gente porque nadie se enamora del ejecutivo del banco».

Este esfuerzo que advierte Funk por lograr el afecto popular «dispersa el perfil por el cual la ciudadanía decidió el fin de 20 años de gobiernos de la Concertación para dar paso a una nueva forma de gobernar que no aparece y deja a la gente la sensación de que todos los políticos son iguales».

«Si esa idea se institucionaliza, conduce a la posibilidad del surgimiento de terceras vías muchas veces populistas o no ideales» para un modelo democrático aún joven.

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