El jefe de los servicios de seguridad de Kaddafi huyó de Libia y se refugio en Níger

Soldados y oficiales leales a Muammar Kaddafi cruzaron en varios convoys desde Libia a Níger, y el jefe de los servicios de seguridad del fugitivo líder libio llegó al frente de una de esas columnas a la capital del país vecino, informaron autoridades.

Un funcionario aduanero citado por la cadena CNN dijo que el jefe de seguridad de Kaddafi, Mansur Daw, llegó en el primer convoy que entró en Niamey, y que varias otras caravanas avanzaban hacia la ciudad capital de Níger, un país desértico vecino a Libia donde Kaddafi cuenta con apoyo de los tuareg, una etnia bereber.

El canciller de Níger, no obstante, afirmó que Kaddafi, cuyo paradero se desconoce, no se encontraba en ninguno de los convoys llegados al país.

«No es cierto, no es Kaddafi», dijo el ministro Mohamed Bazoum a la cadena de noticias Al Jazira.

El funcionario aduanero nigerino dijo que el convoy de Daw constaba de una decena de vehículos, y que entre los pasajeros había 12 funcionarios kaddafistas libios, el líder rebelde de los tuareg nigerinos Rissa ag Boula y otros combatientes tuareg de Níger que estaban en Libia peleando a favor de Kaddafi.

El domingo, funcionarios nigerinos habían anunciado la llegada de Daw a la localidad fronteriza de Agadez.

Las fuentes habían dicho que Daw fue autorizado a ingresar a Níger luego de esperar varios días en el límite con Libia.

Abdoulaye Harouna, dueño de un periódico privado de la ciudad nigerina de Agadez, dijo que vio uno de los convoys arribar a la localidad, que estaba formado por una veintena de camionetas 4X4 y que reconoció a Boula entre sus pasajeros.

Harouna agregó que el convoy salió luego hacia Niamey, ubicada a unos 960 kilómetros de distancia en el rincón suroeste del país, que limita con Burkina Faso, cuyo gobierno ofreció asilo a Kaddafi.

Boula encabezó hace 10 años, con apoyo financiero de Kaddafi, una fallida guerra de independencia en favor de los nómades tuareg.

Luego buscó refugio en Libia, donde se sumó a las fuerzas del líder libio.

El mes pasado, el canciller de Burkina Faso, Djibril Bassolet, dijo que su país estaba dispuesto a reconocer al Consejo Nacional de Transición (CNT), el órgano de conducción política de los insurgentes. También señaló que su nación, sin salida al mar, podría dar asilo a Kaddafi «si él lo desea».

Un vocero de la Presidencia de Burkina Faso dijo que el gobierno no está al tanto de ningún convoy que se dirija a su territorio.

Funcionarios occidentales tampoco tenían noticia de quiénes iban en las caravanas.

«No tenemos más información que la que tienen ustedes. Estamos supervisando el movimiento de estos vehículos, y ya veremos», dijo el vocero de la Cancillería francesa, Bernard Valero, a periodistas en París.

En Libia, en tanto, voceros de los insurgentes dijeron que líderes tribales de una ciudad que permanece leal a Kaddafi pidieron garantías de que no habrá represalias ni venganzas para poder convencer a los combatientes kaddafistas de que entreguen sus armas y se rindan.

De todos modos, el vocero de Kaddafi se mostró desafiante.

El líder libio «está con una salud excelente, planeando y organizando la defensa de Libia», dijo anoche el portavoz Mussa Ibrahim al canal de TV sirio al-Rai, al tiempo que agregó que tanto Kaddafi como sus hijos más combativos permanecen en el país.

«Estamos peleando y resistiendo por el bien de Libia y todos los árabes. Todavía estamos fuertes y somos capaces de revertir la desventaja con la OTAN. Continuaremos luchando hasta la victoria», dijo el vocero, citado por la agencia de noticias DPA.

Los levantados contra Kaddafi rodean desde hace días varias ciudades donde se cree que se esconden el líder libio y algunos de sus hijos, entre ellas Bani Walid, ubicada 140 kilómetros al sudeste de Trípoli, la capital del país.

Los rebeldes ya extendieron una semana más, hasta el próximo sábado, un ultimátum para que la ciudad se rinda sin combatir.

El negociador insurgente Abndullah Kanshil dijo a la cadena de noticias árabe Al Jazira que líderes tribales de Bani Walid quieren garantías de que los sublevados no emprenderán acciones de revancha si se les permite la entrada en la ciudad, y que tratan de persuadir a los combatientes kaddafistas de que se rindan.

Kanshil encabezó una reunión con los líderes tribales -transmitida en vivo por Al Jazira- y le aseguró que no habrá venganzas. Otro negociador de los insurrectos, Ali Dariki, enumeró una serie de provisiones médicas que los insubordinados tienen para la ciudad.

En nombre de los líderes tribales habló el residente Abdel-Qader al-Maya, quien dijo que en Bani Walid circulan rumores de que los insurgentes van a «violar mujeres y matar a la gente» de la ciudad.

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