El cónclave para elegir nuevo Papa comienza el próximo martes

El cónclave del que saldrá el Papa que sucederá a Benedicto XVI, que presentó su renuncia el mes pasado, la primera en 600 años, comenzará el próximo 12 de marzo, tal como decidió el Colegio Cardenalicio.

Una vez que los cardenales electores se hcieron presentes en Roma, fijaron fecha de apertura del cónclave, el segundo del tercer milenio, luego de deliberar sobre los problemas que afronta la Iglesia Católica y el perfil que debe tener el nuevo Pontífice.

En esta jornada, los purpurados analizaron el papel de la mujer en la Iglesia, la bioética y el diálogo interreligioso, tras analizar en las anteriores la nueva evangelización y las relaciones de la curia con los episcopados de todo el mundo, informó la agencia de noticias EFE.

Asimismo, el escándalo Vatileaks, la publicación de documentos que revelaron enfrentamientos en la curia vaticana, así como escándalos de abusos sexuales y supuesta corrupción, también fue tratado por los purpurados, que volverán a reunirse mañana en el Aula Nueva del Sínodo, lugar de las reuniones preparatorias.

Al fijar hoy fecha de inicio del cónclave, los purpurados hicieron uso de una potestad que les dejó el Papa dimisionario en un «motu propio» (un decreto papal), cuando otorgó al Colegio Cardenalicio «la facultad de adelantar el cónclave si están presentes todos los cardenales electores».

Las normas vaticanas estipulan que el cónclave se celebre entre 15 y 20 días después del inicio de la sede vacante, que comenzó el pasado 28 de febrero con la renuncia de Benedicto XVI.

Pero dadas las circunstancias, debido a que es la primera vez que un Papa dimite en siete siglos, los purpurados no estaban obligados a esperar esas dos semanas.

El martes próximo por la mañana se celebrará en la basílica de San Pedro del Vaticano la misa «Pro eligendo Romano Pontífice», que dará paso al procedimiento electoral, que data de la Edad Media.

Por la tarde, los cardenales electores se reunirán en la Capilla Paulina para dirigirse, en procesión solemne, a la Capilla Sixtina para comenzar el cónclave.

Una vez en la Capilla Sixtina, el cardenal decano, Angelo Sodano, leerá la fórmula de juramento. A continuación, cada purpurado elector pronunciará su nombre y, poniendo la mano sobre los Evangelios, dirá: «Prometo, me obligo y juro».

Los purpurados votarán cuatro veces al día, dos por la mañana y dos por la tarde, hasta que el nuevo Pontífice sea designado.

La normativa exige que el elegido obtenga los dos tercios de los votos más uno, según el «motu propio» emitido por Benedicto XVI el 25 de febrero pasado.

El sistema anterior establecía que después de las primeras 34 votaciones, bastaría la mitad más uno para designar al nuevo Papa.

Además de conceder la facultad de adelantar la fecha, Benedicto XVI también con el último decreto papal cambió algunos puntos: si se da el caso, los dos cardenales más votados en el cónclave no podrán emitir su voto para evitar que uno pueda dar el voto al otro y así no ser elegido.

También se incluye en la fórmula de juramento de los cardenales la pena de la excomunión en el caso de que violan el secreto de elección del Sucesor de Pedro.

El Colegio Cardenalicio, conocido como «el club más selecto del mundo», está compuesto por 207 purpurados procedentes de 66 países, 51 de los cuales cuentan con cardenales electores.

De esos 207 cardenales, 117 son los que tienen menos de 80 años, por lo que pueden votar. El resto, octogenarios, no pueden votar pero sí pueden ser elegidos Papa.

Sin embargo, serán 115 los purpurados que eligan el nuevo Pontífice, la misa cifra que en 2005, cuando fue elegido el alemá Joseph Ratzinger, ya que dos anunciaron que no asistirán al cónclave.

El indonesio Julius Riyadi Darmaatmadja no participará de la elección papal por motivos de saludo, mientras que el británico Keith O`Brien, ex arzobispo de St. Andrews y Edimburgo, por que está acusado de «comportamiento inapropiado» hacia otros sacerdotes.

Al ser 115 cardenales electores, el próximo Papa necesitará un mínimo de 77 votos, es decir los dos tercios.
Desde el siglo XIX ningún cónclave duró más de cuatro días.

Los cardenales tardaron dos días para elegir a Juan Pablo II en 1978, y tan sólo día y medio para elegir a Benedicto XVI en 2005.

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