Dra. Catalina Pochylak primera traductora pública del idioma ucraniano nacida en Argentina

Ferviente amante de las letras, se recibió en la Universidad de Buenos Aires.

Don Basilio Pochylak es un inmigrante procedente de Ucrania, que llegó al país junto a su familia en 1935, en busca de nuevos horizontes. Por entonces, dejó atrás los crudos inviernos de nieves eternas en su país, para recalar en el norte argentino y trabajar en el campo, bajo un sol agobiante.

Humildad, sacrificio y honestidad fueron sus estandartes a lo largo de una vida de arduo trabajo, que tuvo su merecida recompensa.

En su infancia, Basilio se crió en la provincia del Chaco, mientras su padre colocaba durmientes en las vías del ferrocarril. Luego de un gran esfuerzo, el joven Pochylak terminó sus estudios secundarios y se vino a Buenos Aires, con el sueño de ser universitario. Radicado definitivamente en zona sur, más precisamente en Villa Domínico, se recibió de abogado, título que lo llevó a ser un miembro reconocido dentro de la comunidad ucraniana local.

“Mi abuelo recibió, en un pueblito del Chaco, un telegrama donde mi papá le avisaba que se había recibido de Abogado. Y mi abuelo, un tipo rudo, hombre de campo, de tierra adentro, lagrimeaba con el telegrama y se lo mostraba a todos los vecinos del pueblo, orgulloso de que su hijo era Doctor. Yo no viví esa escena, por supuesto, pero cada vez que me la represento se me pone la piel de gallina”, relata con gran emoción la Doctora Catalina Ana María Pochylak, hija de Don Basilio, quien seguiría años más tarde el ejemplo de su padre.

“De las cosas que él me enseñó, sin dudas, las más importantes fueron la constancia y el tesón. Lo mío fue cuesta arriba… Porque me llevó un tiempo largo recibirme”, reconoció Catalina, sobre las dificultades que tuvo que sortear para ser una profesional como su papá.

Catalina Pochylak empezó a estudiar abogacía, siguiendo el mandato familiar, pero pronto su carrera quedó trunca, porque fue mamá de dos niños, sus amores Lorea y Bohdan. Su maternidad postergó la cursada, pero “Katia” nunca se alejó de su objetivo y pudo concretarlo sin sobresaltos, algunos años más tarde.

En paralelo, en 1991, Ucrania lograba su ansiada independencia de la Unión Soviética y el idioma ucraniano se convertía en la lengua oficial del país. Catalina, ferviente amante de las letras, sabiendo que se había creado el traductorado público de ucraniano en la Universidad de Buenos Aires, pensó que era una oportunidad impostergable y se puso a cursar la carrera.

“Me impulsó un amor muy profundo por mis raíces. Fue algo muy emocionante y me llamó mucho el idioma. Fue difícil porque acá [en Argentina] no hay una estructura exhaustiva. Y tuve que preparar todas las materias de idioma para los exámenes, pidiendo que se constituyeran mesas para rendir libre, porque no había cursos”, contó la Abogada, quinta traductora de Ucraniano -de cinco en el país- pero la primera nacida en la Argentina.

“Por otro lado –continuó Catalina- también tuve otro abuelo (el materno) que me transmitió un amor por las raíces y por la cultura, muy fuerte. Me he pasado las horas escuchando sus historias. Eso también tuvo una influencia muy grande a la hora de decidirme a hacer otra carrera universitaria”, reflexionó la profesional de 44 años, que lleva el nombre de sus “tres” abuelas: Catalina, la mamá de su mamá; Ana, la mujer que crió a su papá y María, en honor a su abuela paterna biológica, que falleció luego de dar a luz a Don Basilio.

Más allá de conectar con sus raíces, el hecho de compenetrarse con el idioma de sus antepasados constituyó un homenaje a su padre, su gran ejemplo de vida, quien le enseñó a derribar barreras y a sobreponerse en la adversidad.

“Persevera y triunfarás”, exclamó entre risas Catalina, al tiempo que recordó que si bien la carrera le llevó tan sólo dos años y medio de cursada, porque tenía equivalencias de la carrera de Abogacía, tuvo un inconveniente administrativo que le impidió obtener su diploma durante mucho tiempo. El incidente burocrático se originó por una materia pendiente del ciclo básico común que le reclamaban como faltante y que tuvo que volver a cursar.

“Estuve a punto de desistir, pero perseguí el trámite y volví a rendir la materia, gracias a la ayuda de mi hija que me ayudó cuando ella hizo su propio CBC. Así que fui a buscar mis dos diplomas con mis dos hijos ya grandes”, resaltó, orgullosa.
Respecto a su otra profesión, Abogacía, Pochylak admitió que le gusta mucho la parte de mediación. “No tanto litigar sino evitar el juicio, dirimir el conflicto pacíficamente. Tengo un espíritu conciliador y soy de los que preferimos que la gente se entienda y evite los juicios que llevan años, tiempo, nervios y dinero”.

En ese sentido, Catalina Pochylak, también comparte los valores que le inculcó su padre, quien además fue su primer jefe. “Él fue el primer abogado de la colectividad ucraniana, trabajó mucho ad honorem para distintas instituciones y tuvo mucho que ver con el proyecto y la realización del cementerio ucraniano. ¡Evitaba los divorcios! En vez de divorciar a las parejas, cuando salió la ley, trataba de conciliarlas, porque le importaba reconstruir los matrimonios. Así que de ahí debe venir mi espíritu conciliador”, sostuvo sonriente la Dra. Catalina Pochylak.

“Está bueno conectarse con la familia, con los antepasados, averiguar y saber de dónde venimos. Sin raíces no podemos tener alas”, finalizó.

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