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Saturados de publicidad y recomendaciones, los desinfluencers cuestionan la promoción y compra excesiva de productos. Créditos: Dayvo.
Bajo el hashtag #deinfluencing, la premisa es no comprar todo lo que se cruza en el scrolleo, sino solamente lo necesario, algo así como desinfluenciar a las personas influenciadas. El discurso varía según cada quien, pero mantiene algunas similitudes: sostienen que los videos tradicionales muestran a personas que compran de manera compulsiva y en exceso cosas que, en realidad, no les sirven.
Algunas desinfluencers plantean que estas adquisiciones no dan una verdadera felicidad sino una satisfacción efímera, otras hablan del costo ambiental que genera comprar tantos residuos, en especial si son de belleza, y otras muestran de qué manera se puede reutilizar lo que ya hay en casa.
Así, Diana Wiebe, conocida en TikTok como DepressionDotGov, es una de las referentes de esta tendencia en redes que crece desde 2023. Con más de 228 mil seguidores, se define como “una persona regular” que habla de consumo excesivo y desinfluencia en la plataforma. Habitualmente, graba videos citando a otros influencers y cuestionando el por qué comprar de manera atropellada los innumerables productos que se ofrecen en la red social.
“No odio a este creador en particular, simplemente siento que todos consumimos en exceso y estamos convencidos de gastar dinero, que no tenemos, en basura”, dice Wiebe en uno de sus videos. Ante los haters que la critican por “atacar” al influencer que siguen o a su propio estilo de vida, ella aclara que está bien que alguien compre algo que cree que necesita o que le va a dar felicidad, pero alienta a que ese consumo sea consciente y no despilfarrado.
Asimismo, con 182 mil seguidores en Tik Tok, la otra referente Christina Mychaskiw hace hincapié en comprar menos para lograr mejores metas financieras. Así, incentiva a que las personas miren dentro de sus armarios y vistan la ropa con poco uso que tienen; en el mismo sentido, propone challenges: “¿qué pasa si no compras nada por sesenta días?“
En una de sus publicaciones, cuenta que hizo un desafío sin comprar durante dos meses con el fin de “restablecer mi sistema para aprovechar más lo que ya tengo”. De todas maneras, en el mismo posteo la desinfluencer invita a sus seguidores a adquirir su “diario minimalista” donde proporciona consejos para comprar menos y vivir mejor con lo que ya se tiene en casa.
Una corriente mucho más grande
Se puede pensar en que las desinfluencers son influencers pero con otro nombre: también tienen un número importante de seguidores, el uso que le dan a la plataforma gira en torno a un nicho específico, y buscan generar un impacto en sus usuarios. De todas maneras, utilizan las redes sociales para generar un consumo consciente y que busca desintoxicarse del apabullante movimiento y tendencias que generan las grandes plataformas de manera constante.
Así, se suman a la corriente minimalista que se da en distintos aspectos dentro del escenario digital, es decir, el uso responsable, sostenible y no dependiente de la tecnología. Esta tendencia busca despegarse de los estímulos diarios que generan las redes sociales y todo lo que sucede en ellas, desde compras compulsivas o contestar mensajes hasta realizar múltiples tareas en simultáneo y revisar el teléfono cada treinta segundos. En otras palabras, el objetivo es que las redes sociales tengan la menor injerencia posible en la vida tangible de las personas.
Dentro de esta corriente, se encuentran quienes eligen los dumbphones o celulares tontos y dejan a un costado los smartphones. Este tipo de teléfonos, que fueron un boom en los noventa y 2000, no poseen internet y cumplen las funciones simples por las que fueron creados: llamar, mandar y recibir mensajes, tener algún juego, poner alarmas y no mucho más. Incluso, algunas personas rediseñan los viejos teléfonos para mantener aquellas aplicaciones actuales que les son útiles, como WhatsApp.