Concluyó la Misión Juvenil en Dock Sud

 Con una misa presidida por el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, el 30 de diciembre concluyó la Misión Juvenil Diocesana, que congregó a más de un centenar de jóvenes misioneros en Dock Sud.

El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, presidió el 30 de diciembre en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús la misa de clausura de la Misión Juvenil Diocesana que se desarrolló en Dock Sud.
Para empezar, el prelado agradeció a los jóvenes por todo lo realizado en estos días. “En primer lugar al Seminario Pablo VI, en las figuras del padre Gabriel y el padre Federico, a los seminaristas y todos los que colaboraron llevando adelante esta hermosa misión. A la Pastoral Juvenil, en la persona del Padre Juan Molina y todo el equipo que integra esta responsabilidad de animar la vida de la diócesis, por medio de la presencia de los jóvenes. Agradezco también a esta comunidad del Sagrado Corazón de Jesús, a todos los que han hecho el esfuerzo de la presencia y colaboración desinteresada, en la persona que se refleja, el padre Leonardo Chimento, su párroco, por su disponibilidad total ante las necesidades y requerimientos que la misión presentaba. A la hermana Alda, dominica, que estuvo solo un día porque tuvo que viajar por razones de familia y de su congregación. A las Hermanas de Cristo Rey, aquí presentes, y a todos los que han colaborado: ¡que Dios los bendiga!”, expresó.

Luego, el obispo centró su reflexión en la Sagrada Familia: “En ella vemos la figura de San José, el Varón Justo; la figura de la Virgen, aquella que fue elegida para ser la Madre de Dios; y la presencia inclaudicable de Jesús, el verdadero Dios y verdadero Hombre. La Sagrada Familia, una familia que se considera y se manifiesta porque busca y hace la voluntad de Dios; y a la vez viven las virtudes humanas y las virtudes evangélicas, cristianas, en el respeto, en la libertad, en el servicio, en la atención, en la delicadeza y en el amor”, afirmó.

“Nosotros, que entramos también con nuestras propias familias, que muchas veces no son lo que uno necesitaría que fueran; a veces bien constituidas, otras veces debilitadas, otras veces quebradas, rotas y tantas cosas que son parte de lo que es una familia. Y lo más lindo, lo más hermoso, ¡Es esta mi familia! Uno tiene que vivir tratando de servir y crecer en esta familia, no es otra; uno no debe copiar, ni vivir de nostalgias; uno tiene que reconocer las alegrías pero también las tristezas, que son parte de la vida: alegrías y tristezas, luces y sombras, abundancia y carencia. ¡Es la vida! ¡Es nuestra vida! ¡Es nuestra familia!”, exclamó.

En ese sentido, llamó a no repetir los errores y carencias que recibimos como hijos: “¡Si te hubiese gustado tal cosa, cuando formes una familia acuérdate de lo que no te gustaba y modifícalo!. Eso es crecer”, aseguró.

“Que la fuerza y la presencia de la Sagrada Familia, fortalezca la vida de ustedes en su familia y que también puedan crecer en responsabilidad y sobre todo no olvidarse jamás: ¡Yo también tengo que buscar y yo también tengo que hacer la voluntad del Padre!”, recordó. “La familia no anula ni aplasta la libertad. Pero la libertad no es hacer lo que a uno ‘se le canta’; la libertad está apoyada en la verdad y en la responsabilidad. Hay que vivir en la verdad. Hay que ser responsables. Así seremos libres en nuestra familia”, continuó.

Finalmente, y dirigiéndose a los presentes, advirtió: “Ahora ustedes van a volver a sus lugares de origen, comunes. No se olviden de este encuentro. Los encuentros golpean y a la vez transforman. Que se transforme la vida de ustedes y el corazón de ustedes. Y en sus oraciones sean capaces de rezar por aquellos que misionaron. Y si es posible acordarse de algún rostro, de algún nombre y de algún lugar, porque todo encuentro crea una responsabilidad. Recen por las personas que conocieron en estos días”, animó.

“Vuelvan a sus comunidades y en nuestras comunidades -de parroquia, capilla o movimiento- no siempre todo es ideal, es como es, como la familia; nuestras parroquias tienen luces y sombras, grandezas y limitaciones, pero de nuevo surge la pregunta ¿Y yo que cosa puedo hacer por mi comunidad? Comprométanse y no se queden con la excusa de decir ‘¡Acá no se puede hacer nada y como no se puede hacer nada yo no hago nada!’ ¡Falso! Si los demás no hacen nada, vos podés hacer y hacer mucho. Quien tiene amor tiene decisión y quien tiene decisión tiene compromiso”, sostuvo.

“Queridos jóvenes, cuando vuelvan a sus comunidades, es la vida y es la vida de fe. Hagan lo que Dios les pida y jamás, pero jamás, se van a arrepentir porque Dios es muy generoso ante nuestra generosidad y nuestra fidelidad”, aseguró a los misioneros.+

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