Para crecer las personas dependemos de nuestro entorno, por lo tanto si pretendemos potenciar nuestra autoestima, es necesario tratar de conocer cuales conductas con los otros favorecen, suprimen o perjudican la formación de nuestra confianza.
El antecedente de la formación de la autoestima de cada uno de nosotros depende en parte de la relación que establecimos en la niñez con los adultos que fueron importantes en nuestra vida, esencialmente madres y padres, o algún otra persona significativa, quienes han sido los guardas y estimuladores de nuestra confianza y nuestro propio respeto. Confianza y propio respeto, son las que nos van a dar una valoración personal que nos va a levar a querernos a nosotros mismos, y por añadidura a los que nos rodean. Podemos decir que cuando experimentamos total aceptación de nuestros pensamientos y sentimientos, percibimos el valor que tiene nuestra existencia, con lo cual estamos admitiendo que nuestras características, lejos de no desear que fueran las que son, las aceptamos y entendemos que nos hacen independientes, diferentes y valiosos.
Es necesario manejarse en un contexto de límites bien definidos y firmes, es decir, poder ser justos, razonables y negociables con los otros, porque la libertad ilimitada no tiene validez si la pensamos en el sentido de que la falta de límites es equivalente a la indiferencia. En cualquier relación humana cuando podemos escuchar las necesidades y deseos del otro y nos mostramos dispuestos a negociar con el otro las reglas, estamos cultivando el ejercicio de la autoridad, no del autoritarismo, la autoridad escucha, atiende y negocia y también sanciona el incumplimiento de las normas, algo inexorablemente necesario para todos podamos moldear nuestra identidad e instalar nuestra autoestima.
Cuando aprendemos a respetarnos, comenzamos a aceptar nuestras decisiones, escuchamos nuestros deseos, atendemos a nuestras necesidades y negociamos las reglas que establecemos en las relaciones que mantenemos con los otros. Cuando nos sentimos respetados por nuestra dignidad como seres humanos, ganamos confianza.
Respetar a los demás, no es dejar que hagan lo que quieran, eso es la permisividad, y además de que lo permisivo devasta el esfuerzo, la disciplina y el autocontrol, también devasta la confianza en uno mismo. Tampoco tiene validez dirigir las elecciones de los otros, porque una cosa es establecer nuestros límites y otra diferente es anular la responsabilidad del otro para con el mismo y para con las relaciones que establece con los demás, es decir, es poco probable que exista la autoestima si no tenemos el ejercicio diario de la responsabilidad por lo que decimos o hacemos.
La falta de autoestima se manifiesta como un problema, pero tenemos que saber que es posible recuperarla, para esto es necesario conocer en que medida se propicia, y para lograrlo es necesario crear un entorno de seguridad donde la base sea el amor, la aceptación y el respeto, y esto no es un tema menor. Aunque parezca un hecho obvio, no son solo frases hechas aquellas que solemos escuchar, tales como, amar al otro por quien es, por su existencia y por su derecho a ser querido independientemente de que nos guste como piensa, siente o se comporta, aceptarlo tal cual es y no en la medida en que siga nuestras reglas y responda a nuestras expectativas.
Respetar a los otros en sus decisiones de porque lugares y como quiere llevar su vida, hacerle ver cuando esas decisiones nos parezcan equivocadas por que no nos parecen correctas sin impedir que intente llevarlas a cabo, es al mismo tiempo poner en práctica la valoración de nuestra propia autoestima. No tener con el otro las mismas opiniones no es un inconveniente, la inmovilidad y la rigidez sobrevienen cuando no logramos unanimidad en una decisión en conjunto, con lo cual lo importante es lograr la armonía en las decisiones conjuntas apostando a la flexibilidad y al acomodo a las circunstancias.
Para posibilitar la autoestima es nosotros mismos, es necesario el compromiso con los otros, teniendo siempre presente que son otra persona, independiente y distinta de nosotros, demostrarle una seguridad en nuestra coherencia, es decir entre lo que decimos, lo que pensamos y lo que hacemos, amar, aceptar y respetar al otro, expresarle nuestros propios límites justos, razonables y negociables, motivar al otro a que se responsabilice en sus decisiones, eso ayudará no sólo en la construcción de la autoestima en los que nos rodean sino que favorecerá el crecimiento de nuestra propia autoestima.
Licenciada en Psicología
Andrea Fabiana Varela Seivane
MN 34156
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