Tiempo de Cuaresma

Mensaje de Raúl Rodríguez Rancati, cura párroco de la Catedral de Avellaneda Lanús.

 

Estamos ya transitando este tiempo de cuaresma, desde el pasado 6 de marzo, miercoles de ceniza.

Camino de fe hacia la celebracion de la Pascua. Tiempo de conversion y para una mayor cercanía a Dios.

El Santo Padre, el Papa Francisco por medio de una Exhortación Apostólica (Gaudete et Exsultate) nos invita a desear y buscar la santidad personal de cada uno de nosotros y el Pueblo de Dios. De sus cinco capítulos quisiéramos centrarnos en el cuarto que se titula Sobre el llamado a la santidad en el mundo
actual, presentando cinco puntos propios de la vida de los santos y los que deseamos imitar a Cristo. Nos pueden ayudar a vivir más intensamente este tiempo en la reflexión de ellos y el hacerlos más presentes en nuestras vidas.

La primera se titula Aguante, paciencia y mansedumbre. Con la certeza de confiar que el Señor nos sostiene y la paz que nos da saber que “Si Dios está con nosotros, Quién estará contra nosotros?…

Afrontamos este mundo acelerado, voluble y agresivo con la solidez interior y el testimonio de santidad.

Fieles al amor de Dios y de nuestros hermanos luchamos contra nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas para que no se arraiguen en nuestro ser. La firmeza interior que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social, porque la gracia aplaca la vanidad y hace posible la mansedumbre del corazón. La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de las humillaciones. Sin ellas no hay humildad ni santidad. La humillación te lleva a asemejarte a Jesús, es parte ineludible de la imitación de Jesucristo «Cristo padeció por vosotros, dejandoos un ejemplo para que sigaís sus huellas» ( cfr. puntos 112-121)

La segunda trata sobre la Alegría y sentido del humor. El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado. Ser cristiano es «gozo en el Espíritu Santo»; Rom 14, 17…. Hemos recibido la hermosura de su Palabra y la abrazamos «en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo» ( 1 Tes 1,6). «Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. […] Volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría»; (Jn 16, 20.22). Y no se refiere a la alegría consumista e individualista tan presente en algunas experiencias culturales de hoy. Porque el consumismo solo empacha el
Corazón; puede brindar placeres ocasionales y pasajeros, pero no gozo. Es la alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque»hay más dicha en dar que en recibir»; (Hech. 20,35).(cfr. puntos 122-128)

El tercero es Audacia y fervor. La santidad es parresia. «No tengáis miedo»; (Mc. 6,50)…. Servir con esa actitud llena de coraje que suscitaba el Espíritu Santo en los Apóstoles y los llevaba a anunciar a Jesucristo. Audacia, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, todo eso se incluye en el vocablo parresia, palabra con la que la Biblia expresa también la libertad de una existencia que está abierta,
porque se encuentra disponible para Dios y para los demás…. «Hay de mí si no anuncio el Evangelio»; (1 Cor 9,16). Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros. Pidamos al Señor la gracia de no vacilar cuando el Espíritu nos reclame que demos un paso adelante, pidamos el valor apostólico de comunicar el Evangelio a los demás y de renunciar a hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos. (cfr. puntos 129-139)

El cuarto se llama En Comunidad. Es difícil luchar si estamos aislados. Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior y sucumbimos. Los ejemplos que la Iglesia ha canonizado de comunidades que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros. Son varios pero el ejemplo más reciente de los beatos monjes trapenses de Tibhirine (Argelia), que se prepararon juntos para el martirio. Del mismo modo hay matrimonios santos, donde cada uno fue instrumento de Cristo para la santificación del cónyuge. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otro «para que te labren y ejerciten». La vida comunitaria, sea en la familia, en la parroquia, en la comunidad religiosa o en cualquier otra, está hecha de muchos pequeños detalles cotidianos. Esto ocurría en la comunidad santa que formaron Jesús, María y José, donde se reflejó de manera paradigmática la belleza de la comunión trinitaria. También es lo que sucedía en la vida comunitaria que Jesús llevó con sus discípulos y con el
pueblo sencillo. (cfr. puntos 140-146).

El quinto trata de la oración constante. La santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y la adoración. El santo es una persona con un espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de si en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. Para Santa Teresa de Avila la oración es «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama». El silencio orante. La memoria agradecida. La suplica. La adoración. La lectura orante de la Palabra de Dios. El encuentro con Jesús en las Escrituras nos lleva a la Eucaristía, donde esa misma Palabra alcanza su máxima eficacia, porque es
presencia real del que es la Palabra viva.(cfr. puntos 147-157).

Que podamos con la Gracia de Dios aprovechar este tiempo para acrecentar en nosotros la vida de Cristo y experimentar en forma personal y comunitaria que Jesucristo es el Señor porque ha resucitado. María de la Asunción ruega por nosotros.

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