Reflexiones de Monseñor Rubén Frassia

El Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, en sus reflexiones radiales semanales, se refirió al Evangelio San Mateo 16,21-27 (ciclo A): “Entenderlo, recibirlo, imitarlo”

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá». Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.

 

“Entenderlo, recibirlo, imitarlo”
El misterio al que esta lectura nos enfrenta es con el misterio más inédito, más original, más crucial y que nuestra capacidad intelectual, o nuestro raciocinio, no lo alcanza a entender. No sólo que no lo entiende sino que a veces no lo vive: Jesús sabe a lo que va; sabe que es el Mesías y va a Jerusalén a cumplir la voluntad del Padre; a hacer ese sacrificio donde nadie le quitará la vida, sino que Él libremente la entregará. Va a Jerusalén donde sufrirá mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte, morir y resucitar al tercer día.

 

Pedro, el más cercano, -que había confesado, que había creído en Él, “que ni la sangre ni la carne sino el espíritu” le hace confesar “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”-, ahora juzga mal y se deja llevar por la impronta de las emociones diciéndole que eso no le va a pasar a Jesús, porque él lo va a defender. Es allí que liga un reto de Jesús: “apártate de mi Satanás, porque eres un obstáculo y tus pensamientos no son los de Dios sino de los hombres” Esa visión de Pedro, tan cercano, tan comprometido, tan amigo, incluso a él le cuesta entender el sacrificio mesiánico: la entrega de Jesucristo.

 

Muchas veces nosotros, los seguidores de Jesús, los discípulos, también miramos parcialmente desde un punto de vista meramente humano, sociológico, político, pero que de alguna manera retacean la fuerza del Evangelio porque nuestros criterios no siempre son los de Dios.

 

Pidamos al Señor tener humildad para dejarnos enseñar. También tener audacia para seguirlo hasta donde Él nos lo permita. El que quiera seguirlo, tendrá que saber renunciar, cargar su cruz y seguirlo nomás.

 

Pidamos la unidad en el ser, la unidad en nuestro criterio y la unidad de fe en nuestra vida. Nunca dividamos a Cristo. Cristo es el Hijo de Dios y vino a cumplir una misión, que lo podamos entender, que lo podamos recibir y que lo podamos imitar.

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