Reflexiones de Monseñor Rubén Frassia

El Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, en sus reflexiones radiales semanales, se refirió al Evangelio San Mateo 16,23-30 (ciclo A): “Quien ignora a Cristo, ignora a la Iglesia”

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

 

Quien ignora a Cristo, ignora a la Iglesia
¡Qué pregunta hace Jesús! «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
Esa pregunta hay que escucharla y no se puede ignorar la respuesta. La respuesta hay que darla.

 

En nuestra vida uno a veces se llena, se colma, se entretiene, se abastece de muchas cosas: materiales, algunas espirituales, honor, gloria, fama, poder, dinero, ¡tantas cosas!, pero que nunca pueden llenar el alma.

 

Lo que llena el alma es la pregunta que el ser humano tiene que hacerse y encontrar respuesta: ¿quién soy?, ¿a quién busco?, ¿quién eres TÚ para que yo te responda y te siga? Ningún ser humano niega estas preguntas. Podrá postergarlas, mandarlas para más adelante, pero en algún momento de su vida terrena esas preguntas entran en nosotros.

 

Cuando uno se da cuenta quién es Jesús, quién es Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el Enviado, su vida es distinta; que por la calidad del encuentro será la calidad de la respuesta. Así, la presencia de Dios nos enriquece, nos transforma, nos modifica y nos envía a los demás.

 

Jesús usa las mediaciones y la mediación es Pedro, es la Iglesia y Cristo, con su Espíritu, está presente en la Iglesia. Los hombres de Iglesia somos frágiles, débiles, pecadores, ¡claro que sí! Pero la institución -sostenida por Cristo y por el Espíritu- sigue siendo verdad; sigue siendo verdad su Bendición, su Presencia, sus Sacramentos -el bautismo, la eucaristía, la confirmación, el perdón de los pecados, la confesión- porque Cristo está presente. ¡No se puede ignorar a Cristo! ¡Tampoco se puede ignorar a la Iglesia!, porque quien ignora a Cristo ignora a la Iglesia, e ignorando a la Iglesia corre el riesgo de ignorar a Cristo.

 

Que escuchemos la pregunta y demos nuestra respuesta.

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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