Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo». Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».
Corpus Christi: la fiesta de las fiestas
La Fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor fundamentalmente es el Jueves Santo donde Cristo instituye la Eucaristía y el Sacerdocio Ministerial, cuando Él se queda con nosotros en esta comida y esta bebida muy especial; Ultima Cena donde encarga a los Apóstoles y por ellos a los sacerdotes- que lo hagan en su memoria. Cristo ha querido quedarse como alimento para nosotros. Anticipó la pasión, el sacrificio y porque fue crucificado, muerto y resucitado, nosotros celebramos la Pascua, el paso del Señor y lo recibimos de esa manera, vivificado, transformado, en cada Eucaristía.
Cuando recibimos a Cristo en cada Eucaristía somos Cristificados, somos otros Cristos. Cualquier comida que uno consume se transforma a nuestro organismo integrándose, es así que cuantas veces recibimos a Cristo, somos nosotros los incorporados a Él. Alguno podrá decir ¿Dios tiene tanta fuerza que puede convertir el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre? ¡SI! Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, creadora, redentora y transformadora.
Su Palabra es tan fuerte y eficaz como cuando recibimos el Bautismo; tan fuerte y eficaz como cuando el Espíritu Santo nos Confirma; tan fuerte y eficaz como cuando en el sacramento de la Reconciliación, nos perdona los pecados; y tan fuerte y eficaz cuando sus Palabras consagran y convierten el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre divina.
Corpus Christi es la fiesta de las fiestas y tenemos que ser conscientes de tal regalo que Él nos hace, conscientes de no profanarlo, de no recibirlo como «una cosa más», como «del montón», «porque muchos van también voy yo». Ante esta grandeza de Cristo, nosotros tenemos que prepararnos con dignidad. Preparar nuestra alma y nuestro espíritu para que Cristo entre y se quede en nosotros y con nosotros.
Pedimos al Señor que valoremos más la Eucaristía, que su Vida entre en nosotros y aleje todo vestigio de muerte. ¡Feliz Fiesta de Corpus, demos gracias a Dios y que a tanto amor podamos devolver solamente amor!
