Reflexiones de Monseñor Rubén Frassia

El Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, en sus reflexiones radiales semanales, se refirió al Evangelio según San Juan 14,15-16.23b-26.: “Para siempre”.

Durante la última semana, Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»

Para siempre
Lo temporal, el tiempo, las circunstancias, son traspasadas profundamente por la presencia de Dios, por lo eterno, lo absoluto, lo divino, por el “para siempre”. Sus palabras no son un mero pasado, un mero ayer, es un siempre: AYER, HOY Y SIEMPRE.

Las palabras de Cristo son confirmadas y ratificadas por el Espíritu Santo que nos han de enseñar letra viva y no letra muerta, acción viva y no caricatura de vida, sentido solidario, fraterno, de servicio, de respeto, de profundidad; el gusto de aquello que, de alguna manera, tiene valía, es por siempre y para siempre.

La presencia del Espíritu del Señor en cada uno de nosotros, en la Palabra de Dios, en el Bautismo, en la Confirmación, en la Unción del enfermo, en el Perdón de Dios, en la Eucaristía, en la bendición del sacramento Matrimonial, en el Orden Sagrado, el “para siempre”. El mundo quiere imponer otra categoría, otro criterio, “solo por hoy”, donde sólo se responde lo puntual, lo fáctico, lo del momento.

Fijémonos en el tema de la vida, el atentado que se hace con el tema del aborto, la supresión de vida, con un derecho que se separa de otro derecho, que nos supera, que es anterior y que debería ser inviolable.

En este Pentecostés pidamos que el Espíritu Santo esté muy presente; que sople en nuestras familias, en nuestras personas, en la Iglesia, en nuestro país; que nos de fuerza para vivir una verdadera Nación, una verdadera sociedad, una verdadera amistad social, una verdadera fraternidad. Hay mucho sufrimiento, hay muchos pobres, hay muchas enfermedades, pero también hay otros delitos que se van tapando y que evidentemente deberán ser resueltos.

Que Dios nos bendiga y que el Espíritu Santo nos dé el gusto por la vida, el gusto por la permanencia, por la fidelidad, por la convicción y por el servicio.

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