Reflexiones de Monseñor Rubén Frassia

El Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, en sus reflexiones radiales semanales, se refirió al Evangelio según San Juan 6,41-51: Reconocer la presencia de Dios para renovar la vida.

Los judíos murmuraban de Jesús, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo». Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: ‘Yo he bajado del cielo’?» Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Reconocer la presencia de Dios para renovar la vida

Vemos como Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, Hijo de Dios y de María Santísima, nos ha traído lo divino y ha enaltecido lo humano. En este misterioso intercambio de la Encarnación del Verbo en el seno virginal de María, nos muestra nuevamente -para toda la humanidad- la misericordia de Dios, la ternura de Dios, la presencia de Dios, la luminosidad de Dios y tenemos que reconocerlo. Si hay fe uno lo reconoce, si no hay fe uno permanece en la ignorancia.

El reconocimiento por la fe nos hace descubrir que su presencia no solo es indicativa sino que también es eficaz, que Dios obra, que Dios hace, que Dios realiza y que tenemos que contar con su presencia para que nos demos cuenta que podemos cambiar, que  podemos modificar actitudes, que podemos renovar nuestra vida, que podemos tener grandes, sanos y buenos proyectos; porque no se puede vivir sin proyectos. Dios es la base de nuestra vida, no lo descartemos. Esto es muy claro: el que lo recibe, ya que bajó del cielo, el que lo coma, ese no muere y «el que come de este pan vivirá eternamente».

Pidamos en este día que la presencia de Cristo en la Eucaristía, nos haga comprometer más con lo divino y cada vez más en lo humano. Esto tiene que notarse e incidir en nuestra cultura, en la sociedad, en nuestra familia, en nuestro país. La presencia de Dios, en aquél que tiene fe, nos ayudará a salvar nuestro mundo.

El próximo 15 de agosto celebraremos nuestra Fiesta Patronal diocesana, hoy pedimos que la Virgen, Nuestra Señora de la Asunción, nos alcance la misericordia de Dios para que podamos vivir una vida nueva.

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