Reflexiones de Monseñor Rubén Frassia

El Obispo de la Diócesis de Avellaneda – Lanús, en sus reflexiones radiales semanales, se refirió al Evangelio según San Juan 20, 19-23 (ciclo C): «La Fuerza de Pentecostés es la Fuerza del Espíritu».

Al atardecer del primer día de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

La Fuerza de Pentecostés es la Fuerza del Espíritu

La Fiesta de Pentecostés es el Bautismo de la Iglesia; es la Fiesta de la unión, de la comprensión y de la comunión humana.

Siempre contraponemos Babel a Pentecostés. Al describir a Babel vemos que se quiere construir un reino en el que los hombres alcanzarán tanto poder que ya no necesitaban hacer referencia a un Dios; y que eran tan fuertes que podían construir por sí mismos un camino que llevara al cielo, para abrir sus puertas y ocupar, usurpar, el lugar de Dios. Es así: Babel quiere construir y vivir una vida prescindiendo de Dios, alejándose de Dios.

Cuando uno se aleja de Dios pierde el equilibrio y se desorienta todo. Se torna más agresivo, más huraño. Perecería que es demasiado arduo y que se prefiere buscar el propio yo, los propios intereses, las mezquindades, los egoísmos, las corrupciones, ¡sin importar nada!, ni el bien común, ni la presencia de los otros. Se pretende vivir como patrones y no como administradores.

Ciertamente Babel está presente hoy, en los tiempos históricos que nos tocan vivir. Por eso es importante la fuerza del Espíritu, porque con el progreso de la técnica y la ciencia humanas, alcanzando el poder de dominar la fuerza de la naturaleza, de manipular los elementos de fabricar seres vivos, -¡con tantas de estas cosas que hoy están presentes!- tenemos que decir que no ha crecido la capacidad de entendernos. O quizás, paradójicamente, cada vez nos entendemos menos y cada vez nos comunicamos menos.

Estamos informados, pero la soledad ha aumentado en el seno de nuestra sociedad. Se está insinuando entre los hombres un sentido de desconfianza, de sospecha, de temor recíproco, hasta llegar a ser peligrosos los unos para los otros. Pensemos en la inseguridad actual, en la persistencia de los delitos, con cuánta impunidad se está viviendo.

Por eso es importante la Fuerza de Pentecostés y la Fuerza del Espíritu, para que nos vuelva a despertar el amor por la unidad, con el don del Espíritu de Dios; para que nos de un corazón nuevo, una lengua nueva, una  capacidad  nueva de comunicar. ¡Eso es lo que ha sucedido en Pentecostés! Por eso es importante que el fuego divino, un fuego de amor, sea capaz de transformar nuestro corazón, nuestras familias, nuestra sociedad y la Iglesia. Porque donde había división e indiferencia, nace la unidad, la comunión y la comprensión.

Es importante darnos cuenta que Pentecostés es la definición de nuestro compromiso humano y cristiano. Nosotros tenemos que ser testigos de esto, no por nuestra fuerza sino por la fuerza del Resucitado. ¡Por la fuerza y la victoria de Cristo, que subiendo al Padre, y por el Padre, nos envía el Espíritu!

Queridos hermanos, que vivamos la Fiesta de Pentecostés y que podamos decir: «¡ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!»

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