«Nace Jesucristo, surge de nuevo la esperanza»

Mensaje de Navidad del Obispo de la Diócesis de Avellaneda Lanús, Monseñor Rubén Oscar Frassia.

 

NACE JESUCRISTO, SURGE DE NUEVO LA ESPERANZA

Estamos ante la Espera del Nacimiento del Redentor. Esto no es solo para los creyentes, sino para todos los hombres de buena voluntad. Los acontecimientos del Señor valen ayer hoy y siempre. Lo eterno inunda el tiempo presente como la memoria y el futuro. Por eso la Iglesia vuelve a proponer cada año la celebración de este misterio de infinito amor, ternura, luz, paz y reconciliación.

La presencia del verdadero Dios y verdadero hombre, tiene una importancia vital y afecta cada existencia humana. Esta es una realidad innegable.

El misterio de la encarnación ilumina y pone de relieve, en primer lugar el misterio de nuestra propia vida, un regalo recibido de Dios a través de nuestros padres y que es un verdadero don. Somos muchos los que así lo reconocemos y la acogemos, aunque otros lo niegan con argumentos confusos o falaces. Pero la vida es y seguirá siendo un don y un misterio. Esta es una verdad irrefutable.

En cuanto a la situación que nos toca vivir, nadie podrá negar que las cosas están cada vez más complicadas: familias desechas, agobios y angustias económicas, problemas por la falta de trabajo, y los sistemas que no aciertan a dar una respuesta cabal. Los políticos, muchas veces, prometen lo que no saben o no pueden realizar. Como si todo se resolviera mágicamente con la toma del poder. Estamos tocando fondo, no solo algunos, sino todos.

Por esta razón, es necesario dar un salto cualitativo, levantar la mirada, lo que no significa una evasión del momento presente ni un adormecimiento de la conciencia sino la oportunidad de plantear el verdadero interrogante:

¿No habrá llegado el momento en que, contemplando las distintas posiciones y convicciones, de pensar objetivamente en el verdadero bien común de nuestra querida Nación?

¿No será el momento de superar las famosas “grietas” que nos separan, dividen y debilitan, pues los que pretenden dar soluciones prometeicas en un futuro inmediato no podrán resolver ni cumplir?

¿No habrá llegado el momento de rectificar, de aunar criterios, encausar iniciativas y asumir compromisos, de una verdadera conversión de mente y de corazón, para dar lugar a un verdadero encuentro, respetuoso y sincero, en el diálogo, en el esfuerzo común, respetando las diferencias?

¿No habrá que pensar en Nación, “una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común, dando lugar a la libertad de los hijos de Dios, para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz y la alegría de la esperanza que no defrauda”? (CEA, Oración por la Patria)

Se podrá pensar que es tarde. Que las cosas ya están decididas. ¡No! Este es el pensamiento generador de derrota. Dios nos da fuerza para hacer resurgir de las cenizas el fuego nuevo de la Esperanza.

Muchos celebraremos la Navidad religiosamente. Otros se reunirán en una fiesta familiar o social sin tener en cuenta el motivo principal: Dios se hace hombre para que el hombre pueda llegar a Dios. Dios nos hace sus hijos para que sepamos tratarnos responsablemente entre nosotros como hermanos. Esto es celebrar la Navidad. No lo olvidemos. No perdamos la ocasión de celebrarla cristianamente. La espiritualidad es parte integral de nuestro ser humano. El que la descuide permanecerá en la ignorancia.

Querida Comunidad, les deseo a cada uno de ustedes y a sus familias, como a las Instituciones, Asociaciones y Movimientos de los que ustedes participan, que no se priven del acontecimiento más grande y más hermoso. Dios viene a nosotros para enriquecer desde su pobreza nuestra humanidad. Viene a enseñarnos el verdadero sentido de la vida, que es dedicarla con generosidad al servicio de Dios y del prójimo y no tratar de conservarla egoísta y esterilmente. Que nuestro testimonio sea trabajar por el bien común y saber educar, que es la garantía de nuestro presente y de nuestro futuro próximo.

Vivamos con responsabilidad. ¡Feliz Nochebuena y Feliz Navidad!

Reciban todos, mi bendición de Padre y Pastor

Mons. Rubén O. Frassia

Obispo de Avellaneda-Lanús

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