Mediante un convenio firmado entre la Municipalidad de Avellaneda y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, un grupo de vecinos de La Saladita llevan adelante su propia huerta comunitaria, con la cual también abastecen a varios habitantes de la zona.
La idea de implementar el Programa de Producción Periurbana para fortalecer a las pequeñas y medianas producciones que están en los alrededores de la ciudad nació en 2008, en pleno enfrentamiento del Gobierno por las patronales agropecuarias, y llegó a Avellaneda en 2011.
Por lo general, este tipo de iniciativa se implementa en otras regiones del conurbano donde hay mayor presencia de agricultores familiares y de pequeños productores, quienes abastecen a los centros urbanos de los productos básicos.
Sin embargo, en La Saladita también funcionaba desde hace años un emprendimiento similar, a cargo de la Comisión Vecinal «586 Viviendas», que se vio potenciado por el apoyo de los Estados nacional y municipal.
«Llegamos a La Saladita gracias a la comunidad organizada y a la decisión del intendente Jorge Ferraresi de implementarlo mediante la Secretaría de la Producción de la Municipalidad de Avellaneda», explicó la directora del Programa en el distrito, la Ing. Claudia Guerrero.
«Nosotros trabajamos en la detección de este tipo de iniciativas para fortalecerlas y para darles las herramientas necesarias para que puedan crecer -agregó- ya sea con insumos, herramientas, materia prima o capacitación».
En ese sentido, también se los ayuda a consolidar los canales de comercialización, que es uno de los puntos más complejos de abordar para aquellos que se vuelcan a esta actividad desde lo comunitario.
Para ello, mes a mes se realiza una feria artesanal donde se muestra la economía local y se exhiben los productos, pero bajo la premisa del comercio justo y la economía social.
«Es una feria de venta directa, donde no hay personas que compren para revender, es para consumo directo. Allí se pueden encontrar productos frutihortícolas y derivados, como la mermelada, además de artesanías en cuero y madera», informó Guerrero.
«Uno de los primeros lugares en los que detectamos emprendimientos de este tipo fue en la zona de quintas, entre los arroyos Sarandí y Santo Domingo -afirmó- los cuales son de características más familiar».
«En cambio en La Saladita es algo más comunitario y surgió por una necesidad, porque esta asociación vecinal nació en el año 2001 como un club de trueque».
Consultada sobre los objetivos del Programa, Guerrero remarcó que «es generar empleo genuino y que, cualquier emprendimiento que detectamos para poder fortalecer, se convierta en la fuente de ingreso de sus integrantes».
El programa de Producción Periurbana tiene una «tercera pata» que es el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) la cual aporta semillas y el asesoramiento técnico indispensable, como por ejemplo para construir el invernáculo.
«Nosotros desde el municipio brindamos herramientas teóricas y prácticas -aseguró Guerrero- para que después los integrantes de la Asociación desarrollen el emprendimiento».
«Es la acción directa de una política de inclusión que se viene dando desde hace diez años, que además permite promover la cultura del trabajo», puntualizó.
Del trueque a la huerta
La Comisión Vecinal «586 Viviendas» del barrio La Saladita funciona en la calle Escalada 704, entre Génova y Edison, detrás de la cancha de Arsenal. Su presidenta, Marcela Isassi, le explicó a La Ciudad que la entidad nació en 2001 como club del trueque hasta que luego pudieron armar el proyecto de huerta.
«Tuvimos trueque hasta 2003, después con la implementación de la huerta la gente venía a colaborar y, además de llevarse lo que sembraba, hacíamos compras comunitarias», comentó Isassi.
«Con la llegada del Municipio y del INTA cambió mucho, porque nos dieron una mano en el tema herramientas y con el armado del invernáculo -agregó la presidente de la entidad- además de la capacitación que fue muy importante tanto para los que trabajan acá como para los vecinos del barrio que estaban interesados en el tema».
En ese sentido, cabe destacar que los vecinos de la zona se acercan para conocer y colaborar, al igual que las instituciones y los jardines de infantes, cuyos alumnos aprenden los primeros conceptos de la siembra.
«Los vecinos también se acercan para participar de la Feria mensual, en la que compran a precio de costo. En la medida que vamos juntando dinero, vamos comprando semillas y materiales que hacen falta», afirmó Marcela Isassi.
En otro orden, las autoridades de la Comisión Vecinal remarcaron que aquellos que deseen colaborar con la entidad pueden hacerlo más allá de la huerta, porque en sus modestas instalaciones varios vecinos cursan sus estudios secundarios mediante el plan FINES y los más chicos reciben apoyo escolar.
«Tenemos 54 alumnos de distintas edades y nos haría falta mobiliario. Nosotros contamos con poco espacio pero les damos todo lo que tenemos porque buscamos una verdadera inclusión social», manifestó la titular de la Comisión.
