La Lolita que nació aquí pero la creían española

Cronigrafía de la ciudad. Escribe Antonio J. González.

La bautizaron con el nombre de Beatriz Mariana, pero siempre la conocimos como “Lolita”. Había nacido una noche de marzo -hace exactamente 80 años- en un barrio de nuestra ciudad sin que nadie imaginara que esa beba iba a ser mujer, esposa, madre y abuela, pero sobre todo admirada por sus actuaciones como cantante y actriz, su coherencia personal y una gracia propia de las raíces hispanas.

Con once años de edad, Beatriz envió una foto a un concurso de nuevos valores de Radio Splendid, y allí interpretó temas españoles. Su presentación llamó la atención del actor Manolo Paredes, quien la recomendó al maestro de arte flamenco Ramón Zarzoso. “Tiene una voz cruda, su afinación es perfecta, es una española hecha y derecha”, aseguró Zarzoso. “La recién llegadita de España” como se dio a conocer en aquellos tiempos, pero lo más ibérico que tenía eran sus canciones, porque su origen estaba ligado a la raigambre industrial de Avellaneda.

Debutó en el Teatro Avenida en 1942, luego fue contratada para cantar en el colmao El Tronío y en Radio El Mundo. Trabajó durante nueve años, para luego pasar a Radio Belgrano. También cantó en Goyescas, importante sala de música internacional. Hizo televisión, radio, cine y teatro. Realizó giras por Uruguay, Brasil, Chile, Cuba, Estados Unidos, España y Rusia. Justamente en la ex URSS alcanzó un éxito sin precedentes con ningún otro artista argentino. Sus canciones eran escuchadas en todos los rincones rusos. Su popularidad en el país y en el exterior se agigantaba a pasos acelerados.

Pero Lolita, la de Avellaneda, supo también de momentos muy difíciles. A los 14 años perdió a su madre en un accidente en Mar del Plata que la selló para toda su vida. A los 25 años se casó con su primer marido Santiago Rodolfo Burastero con quien tuvo su primer hijo, Santiago Ezequiel. Poco tiempo después quedó viuda tras un accidente en la ruta a Mar del Plata. Luego se casó con Julio César «Lole» Caccia, con quien tuvo cuatro hijos: Angélica, Marcelo, Mariana y Diego. Y tiempo después la familia se agrandó con la llegada de los nietos. Lolita disfrutó de su familia con ese temperamento solidario que era sello personal y jamás renunció a los afectos y las raíces.

En su desempeño artístico había superado aquellos tiempos en que era “la españolita del canto lindo”. Fue en El Tronío donde la vio el director de cine Luis Bayón Herrera que la invitó a participar de su film “La danza de la fortuna” (1944), protagonizado por Olinda Bozán y Luis Sandrini. Así, con pequeños pasos seguros, la cantante hizo su aparición en la pantalla grande, que la tendría como protagonista en 1951 junto a Ricardo Passano en el largometraje “Ritmo, sal y pimienta”. En este película dio su primer beso. Esto dio liento a un mito sobre su vida: si existía o no una cláusula en sus contratos que prohibiera los besos. Lolita siempre negó este hecho, pero el rumor se difunde en los cientos de notas biográficas que se escribieron -y se escriben- sobre su carrera. También en ésta. Un dato menor a la hora de equilibrar lo más importante de su carrera. A un problema cardíaco sufrido en 1993, le sucedió el descubrimiento de un cuadro de fiebre reumatoidea que derivó en la delicada artrosis generalizada que la hizo padecer fuertes dolores y la obligó a varias internaciones.

Poco antes de su fallecimiento, tuvo un reconocimiento público, porque el 20 de agosto de 2002 fue nombrada Ciudadana Ilustre de la ciudad de Buenos Aires. Y ella, que brillaba en el firmamento artístico y musical de muchos países y sus grabaciones eran escuchadas por pueblos con diferentes costumbres e idiomas, muere en Buenos Aires el 14 de septiembre de aquel año.

Pero el fuego de aquella niña que correteaba por las calles de Avellaneda y se lucía en los escenarios barriales por sus canciones y su estilo, bautizada como Beatriz Mariana, tiene ya su estrella propia, como todos los artistas populares.

ajgpaloma@hotmail.com

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