La ciudad que no miramos: nuestro antiguo edificio municipal

Artículo de Martha Romero realizado dentro del Seminario Municipal «Avellaneda: su Arquitectura» a cargo de la Arq. María Descole de la Secretaría de Cultura, Educación y Promoción de las Artes de la Municipalidad de Avellaneda. Foto de la fachada, el dios Mercurio quedó como huella del destino bancario pensado para el edificio. No llegó a ser usado como tal. Columnas corintias debajo del balcón del primer piso.

Este bello edificio, ubicado en el corazón de nuestra querida ciudad, es un vivo ejemplo de la magnificencia y belleza con que se construían las sedes oficiales en el siglo XIX.

Cerca de la verja de entrada se destaca un mojón que recuerda el antiguo Camino a La Plata, el cual nos remite a épocas lejanas, fundamentales de nuestra historia ciudadana.

En el generoso frente dos bellas puertas nos sorprenden, como otras de igual o parecido valor que se encuentren muy de tanto en tanto en nuestra localidad.
El volumen principal presenta arcos ornamentados y un frontis en la parte superior, dividido en dos secciones y coronado en lo alto por una cabeza que representa al dios Mercurio, símbolo del comercio. Recordemos que este edificio fue construido primitivamente para ser sede del Banco de la Provincia de Buenos Aires. A los costados, dos columnas con capiteles corintios incrementan su importancia.

Hacia un lateral se encuentra una circulación que distribuye a las oficinas de planta baja, al segundo cuerpo del edificio, de construcción muy posterior a la original y al primer piso. Desde una escalera de mármol llegamos a un tradicional, hermoso patio, que nos recuerda los antiguos solares; en él convergen varias oficinas del distinto quehacer cultural.

Desde la recepción anteriormente nombrada, podemos acceder por una amplia arcada al salón principal que conserva la belleza de sus inicios. Desde la entrada, se observan las altas puertas de madera tallada, las paredes adornadas con artísticas molduras, el esplendor de sus dos arañas. Este sí , es un acogedor lugar de encuentro.

En la primera época, cuando allí funcionaba la Municipalidad local, se realizaban en este lugar las sesiones del Concejo Deliberante.

Actualmente su principal función, es ser sede de variados e importantes actos culturales que periódicamente se realizan en nuestra ciudad.

Rodeando este salón principal, las imponentes puertas nos conducen a las sedes del Museo de Malvinas, de la Biblioteca Infantil y una sala amueblada con una antigua mesa y sillones donde imaginamos que se realizaban las reuniones privadas de los Concejales.

Un juego de luces azuladas, colocadas recientemente en su frente, realza por las noches, la majestuosidad de nuestro histórico edificio. En él se respira el sentido de patria, tan diluido en nuestros días…

Lamentablemente hoy su estado deja mucho que desear. El amplio patio frontal, que nos recibe, no se presta para a disfrutarlo o ser lugar de encuentro, pues no encontramos en él, bancos que propicien el descanso, la reunión vecinal casual o convenida, plantas que alegren nuestro estar; solo una palmera, un raquítico arbolito y escasos plantines nos remiten a ese contacto con la naturaleza tan necesario y tantas veces ansiado. En planta baja se encuentra una serie de diminutas habitaciones apenas amuebladas: la recepción y la oficina de dos metros cuadrados de superficie que ocupa el Director de Patrimonio Cultural. Todo invita a no quedarnos…

Este solar como otros tantos, debe ser conservado, no solo por su valor arquitectónico, sino porque es un hito de nuestros orígenes, al que debemos aferrarnos por ser un símbolo viviente de nuestro ser avellanedense.

Fotos SASA

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